El motor con código G4FJ (familia Gamma II) es la base del grupo Hyundai-Kia en la categoría de motores de gasolina modernos con inyección directa y sobrealimentación turbo. Gracias a su versatilidad y a sus sólidos 177 CV, se ha instalado en una amplia gama de modelos: desde crossovers compactos como Hyundai Kona y Kia Seltos, hasta SUV del segmento C de mayor tamaño como Hyundai Tucson III y Kia Sportage IV. Su diseño es la respuesta moderna a la tendencia europea del "downsizing", ofreciendo suficiente potencia y par motor sin recurrir a motores de gran cilindrada.
| Cilindrada | 1591 cc |
|---|---|
| Potencia máxima | 130 kW (177 CV) |
| Par máximo | 265 Nm |
| Código de motor | Gamma II / G4FJ |
| Tipo de inyección | Inyección directa (GDI) |
| Tipo de sobrealimentación | Turboalimentador con intercooler |
Este motor utiliza cadena de distribución, lo que significa que no existe una obligación estricta de realizar un “gran servicio” a un kilometraje fijo como en los motores con correa. El sistema es fiable y la cadena no es propensa a roturas frecuentes como en algunos rivales europeos. Sin embargo, se recomienda revisar su estado a partir de los 150.000 km. Un ruido metálico de "cascabeleo" en frío es el primer indicio de que la cadena se ha estirado o que los tensores fallan por mala lubricación. La reparación de la distribución no es barata, por lo que el mantenimiento preventivo es clave.
En el motor caben aproximadamente 4,5 litros de aceite. Se recomienda aceite sintético de grado 5W-30, respetando las especificaciones (normalmente ACEA A5/B5, y para los modelos más nuevos con filtro GPF, C2 o C3 según las normas del fabricante). El motor puede consumir algo de aceite entre servicios, lo cual es normal en los gasolina turbo con inyección directa. La tolerancia ronda los 0,3 a 0,5 litros cada 10.000 km. Si el consumo supera 1 litro, suele indicar segmentos descuidados o fugas en el turbo. Se aconseja cambiar el aceite como máximo cada 15.000 km, aunque muchos mecánicos recomiendan acortar el intervalo a 10.000 km si se circula mayoritariamente en ciudad.
El mayor punto débil de este motor reside en la propia tecnología GDI: la acumulación de carbonilla en las válvulas de admisión. Como el combustible se inyecta directamente en la cámara de combustión y no pasa por las válvulas de admisión, se pierde el efecto de “lavado” de las mismas. Los síntomas incluyen ralentí inestable, tirones al acelerar bruscamente y una ligera pérdida de prestaciones. Se recomienda la limpieza mecánica de las válvulas (el llamado "walnut blasting", limpieza con cáscara de nuez) cada 80.000 a 100.000 km. Además, las bujías se cambian alrededor de los 60.000 km; es muy recomendable montar bujías de iridio de calidad, ya que de lo contrario pueden fallar las bobinas de encendido debido al mayor esfuerzo sobre el sistema.
Este motor lleva volante bimasa, tanto si va asociado a un cambio manual como a una caja automática DCT. En combinación con la caja DCT, el coste de sustitución de este componente es muy elevado (depende del mercado).
Los inyectores GDI y la bomba de alta presión son sensibles al combustible de mala calidad. Aunque los inyectores rara vez fallan por completo, sí suelen ensuciarse, lo que provoca peor pulverización y un funcionamiento irregular. Una limpieza por ultrasonidos suele solucionar el problema.
El motor monta un turbocompresor integrado en el colector de escape, equipado con una válvula wastegate electrónica. La vida útil del turbo es bastante correcta: con cambios de aceite regulares y dejando enfriar el motor un par de minutos después de una conducción exigente por autopista, el turbo supera sin problemas los 200.000 km. La reparación o reconstrucción en caso de avería es cara (depende del mercado), pero posible.
Al tratarse de un motor de gasolina, no dispone de sistema AdBlue, que tantos quebraderos de cabeza da a los conductores de diésel. Los modelos fabricados antes de 2018 no están sujetos a las estrictas normas Euro 6d-temp, por lo que tampoco montan DPF/GPF. Sin embargo, los Tucson y Sportage restyling posteriores a 2018 sí incorporan GPF (Gasoline Particulate Filter). La buena noticia es que los motores de gasolina alcanzan una temperatura de gases de escape (EGT) significativamente más alta que los diésel, por lo que el GPF se limpia (regenera) de forma mucho más fácil y rápida durante la conducción normal. No se producen atascos dramáticos como en los diésel.
El consumo y la sensación de prestaciones dependen en gran medida del modelo en el que va instalado el motor:
En ciudad: El Hyundai Kona, más pequeño y aerodinámico, consume en ciudad unos 8 a 9 l/100 km. En cambio, los más pesados Tucson y Kia Sportage, especialmente las versiones con tracción total (AWD) y cambio automático, gastarán de media 10 a 11 litros de gasolina en uso urbano. En invierno, con más tráfico y el motor más frío, el consumo puede llegar hasta los 12 litros.
Prestaciones: El motor en absoluto es perezoso. Con 265 Nm de par ofrece una conducción muy fluida. En Tucson y Sportage se nota el peso del coche en los adelantamientos por encima de 100 km/h, pero sigue ofreciendo una ventaja clara frente a los 1.6 atmosféricos de gasolina menos potentes. Cuando sube de vueltas, es muy contundente. En modelos más pequeños (Kona, Seltos) este motor convierte el coche en un pequeño deportivo.
En autopista: A una velocidad de crucero de 130 km/h, el motor gira a unos muy agradables y suaves 2.500 a 2.800 rpm en séptima marcha (DCT), con un consumo aproximado de 7,5 a 8,5 litros, según el viento y la carga.
Muchos conductores se sienten atraídos por el ahorro, pero el motor G4FJ no es en absoluto sencillo de adaptar a GLP debido al sistema GDI. No se pueden montar equipos secuenciales clásicos, sino que se requieren sistemas específicos para gasolina de inyección directa que, al mismo tiempo, consumen una pequeña cantidad de gasolina para refrigerar los inyectores (en la práctica, por cada tres litros de gas se consume aproximadamente un litro de gasolina). La solución ideal es un sistema LPI con inyección de gas líquido a través de los inyectores originales, pero su instalación es muy cara (depende del mercado), por lo que con kilometrajes bajos sencillamente no compensa.
Si te gusta disponer de más potencia, el 1.6 T-GDI admite muy bien la reprogramación. Los 177 CV de serie se pueden elevar de forma sencilla y segura mediante una repro Stage 1 hasta unos 200 a 210 CV, y el par supera los 310 Nm. No obstante, hay que ser muy prudente si se monta el cambio DCT: sus embragues secos soportan hasta unos 330-340 Nm antes de empezar a degradarse rápidamente.
Este propulsor se ofrece con una caja manual de 6 velocidades, ya conocida y contrastada, o con la mucho más popular 7DCT (caja automática de doble embrague seco).
La caja manual es fiable, robusta y solo requiere revisiones periódicas y cambio de aceite cada 60.000 km. La sustitución del kit de embrague y del volante bimasa en esta versión es cara (depende del mercado), pero no desproporcionada teniendo en cuenta la potencia.
La automática 7DCT exige muchos más compromisos. Aunque cambia de marcha de forma rapidísima en carretera abierta, su sistema de embragues secos no tolera bien la conducción a baja velocidad con continuas detenciones y arranques en atascos: los embragues se sobrecalientan. Los problemas más habituales incluyen tirones al iniciar la marcha y cambios irregulares en pendientes. En esta caja es obligatorio cambiar el aceite como máximo cada 60.000 km, y los actuadores (mecatrónica) también pueden dar problemas. Cuando los embragues se queman, la sustitución completa (kit de embragues secos y volante bimasa para 7DCT) resulta muy cara (depende del mercado).
Al comprar, exige siempre arrancar el coche completamente en frío. Escucha unos segundos antes de que la presión de aceite tense los tensores: si se oye un traqueteo metálico o un golpeteo parecido al de un diésel, probablemente la cadena esté lista para el cambio. Una vez caliente, déjalo al ralentí y observa su funcionamiento; si el motor da sacudidas perceptibles cada 3-4 segundos, normalmente significa que las válvulas de admisión están muy sucias de carbonilla y, en el peor de los casos, que alguna bobina ya está dañada.
En la prueba de conducción con caja DCT, es imprescindible detenerse en una ligera pendiente, soltar el freno y acelerar suavemente. Si el coche da tirones, salta o tarda en transmitir la potencia, los embragues de la caja están gastados.
El motor 1.6 T-GDI (G4FJ) de 177 CV es una opción excelente, elástica y potente para los crossovers modernos. Está pensado para conductores a los que el clásico motor atmosférico “perezoso” se les queda corto y que rechazan el diésel por los problemas de DPF y EGR, o que no recorren grandes kilometrajes anuales (menos de 25.000 km). Si aceptas que el consumo en un Tucson o Sportage pesado en ciudad estará entre 10 y 11 litros, y mantienes el sistema de inyección de forma regular, se trata de una magnífica mecánica capaz de superar sin problemas los 300.000 km.
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