El motor EA888 evo5 representa la cúspide del desarrollo de los motores turbo gasolina de cuatro cilindros de Volkswagen. Se trata de un motor de 2.0 litros que se monta en los modelos más recientes del grupo (como VW Tiguan III, Passat B9, Atlas). La variante concreta de 201 CV (150 kW) suele estar destinada a mercados como el de Norteamérica, donde sustituye a motores más antiguos y potentes, centrándose en una mejor eficiencia de consumo.
Este motor funciona en el llamado ciclo Budack (una variación del ciclo Miller), lo que significa que las válvulas de admisión se cierran antes para mejorar la eficiencia a cargas bajas. Esto lo hace especialmente interesante para conductores que quieren potencia cuando pisan el acelerador, pero un consumo moderado al viajar a velocidad constante.
| Parámetro | Dato |
|---|---|
| Cilindrada | 1984 cc (2.0 L) |
| Potencia | 150 kW (201 CV) |
| Par máximo | 300 Nm |
| Código de motor | EA888 evo5 (los códigos varían, p. ej. DTUA, DTRB – comprobar según el VIN) |
| Tipo de inyección | TSI (Turbo Stratified Injection) – Inyección directa de alta presión |
| Sobrealimentación | Turbo con wastegate electrónico + intercooler |
El motor utiliza cadena de distribución. Volkswagen aprendió la lección del pasado (los famosos problemas con los tensores en las primeras generaciones del EA888), de modo que el sistema en los motores evo5 es más robusto. Aun así, la cadena no es eterna. Se recomienda comprobar su estado (alargamiento) mediante diagnóstico o visualmente (a través de la tapa) a partir de los 150.000 km. Un traqueteo en el arranque en frío es la primera señal de alarma.
Aunque se trata de un motor nuevo, hereda la arquitectura de los modelos evo4, por lo que los posibles problemas ya son conocidos:
Servicio mayor: Como el motor lleva cadena, no se realiza un “servicio mayor” clásico a un kilometraje fijo como en los motores con correa. Sin embargo, la correa auxiliar (accesorios) y sus tensores deben cambiarse aproximadamente entre los 100.000 y 120.000 km.
Aceite de motor: Este motor lleva aproximadamente 5,7 litros de aceite (depende del código exacto de motor). Grado recomendado: Estos motores modernos están diseñados para aceites muy fluidos con el fin de reducir la fricción, normalmente 0W-20 (norma VW 508.00 / 509.00). No utilices aceites más espesos (como 5W-40) salvo que el fabricante lo permita explícitamente para tu zona climática, ya que puede afectar al funcionamiento de la bomba de aceite de caudal variable.
Consumo de aceite: Los TSI modernos consumen menos aceite que las generaciones anteriores, pero un consumo de 0,2 a 0,4 litros cada 1.000 km aún puede considerarse técnicamente “aceptable” con conducción agresiva, aunque en condiciones normales el nivel debería mantenerse estable entre servicios.
Las bujías se cambian cada 60.000 km. Es obligatorio usar bujías de iridio de alta calidad (NGK o Bosch), ya que unas bujías deficientes pueden provocar la avería de las bobinas de encendido (coils), de las cuales hay cuatro (una por cilindro).
El sistema utiliza inyección directa a presión muy alta (más de 350 bar). Los inyectores son muy precisos pero sensibles a la mala calidad de la gasolina. Los síntomas de problemas son tirones en marcha o dificultad al arrancar. La sustitución de inyectores es costosa (depende del mercado, pero el precio por unidad es elevado), por lo que se recomienda repostar únicamente gasolina aditivada en estaciones de servicio de confianza.
El motor lleva un solo turbo. Su vida útil suele ser similar a la del motor si se respetan los cambios de aceite. Es fundamental no apagar el motor de inmediato tras una conducción exigente en autopista, sino dejarlo al ralentí uno o dos minutos para que el aceite en el turbo se enfríe. La avería del actuador (parte electrónica) es más frecuente que la rotura mecánica del propio turbo.
Sí, este motor incorpora GPF (Gasoline Particulate Filter), que es el equivalente gasolina del DPF. Aunque el GPF se obstruye con más dificultad que el DPF de los diésel (la temperatura de los gases de escape en los gasolina es más alta), los trayectos cortos y urbanos pueden hacer que se encienda el testigo. La solución es salir a carretera abierta y conducir sobre las 3000 rpm. La válvula EGR está integrada y controlada por software; da menos problemas que en los diésel. AdBlue no se utiliza en motores de gasolina.
Con 201 CV y 300 Nm de par disponibles ya desde bajas revoluciones, este motor no es perezoso. Es perfectamente adecuado para la carrocería del Tiguan. No es tan deportivo como los modelos “R”, pero los adelantamientos son seguros y contundentes. Lo que algunos conductores pueden percibir como “pereza” es en realidad la configuración del pedal del acelerador y de la caja para priorizar la eficiencia; pasar al modo “Sport” suele eliminar esa sensación.
No es recomendable y su rentabilidad es dudosa. Debido a la inyección directa, es imprescindible un sistema caro (inyección líquida o un sistema que también inyecte gasolina para enfriar los inyectores). En la práctica, el motor consumirá alrededor de un 10–15% de gasolina incluso funcionando con gas. El ahorro es pequeño y aumenta el riesgo de avería de los inyectores y de la bomba de alta presión.
Este motor tiene potencial. Una reprogramación Stage 1 puede elevar la potencia a unos seguros 240–250 CV y el par a alrededor de 370–380 Nm. Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de un motor de ciclo B optimizado para la eficiencia, no para correr. Aumentar la potencia puede acortar la vida del turbo y de la cadena si no se mantiene con rigor.
Dado que se trata de un modelo para el mercado norteamericano (aunque el texto esté escrito para un público más amplio), la especificación indica Tiptronic. En la terminología de VW para ese mercado, esto suele referirse a una caja automática clásica con convertidor de par (normalmente la japonesa Aisin de 8 velocidades), y no a un DSG (doble embrague), que es el estándar en Europa.
Antes de comprar un Tiguan con este motor, presta atención a lo siguiente:
El 2.0 TSI EA888 evo5 combinado con la caja automática de 8 velocidades es un excelente “crucero”. Ofrece un refinamiento que un diésel no puede igualar, potencia suficiente para cualquier situación y un consumo razonable en carretera. Si recorres menos de 15–20 mil kilómetros al año, es una opción mejor que un diésel, ya que no tiene los delicados sistemas AdBlue ni volantes bimasa que sufren en ciudad. La clave para estar satisfecho es solo una: cambios de aceite regulares y gasolina de calidad.
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