Lo más importante en breve (TL;DR):
El motor con código D4FC forma parte de la generación de motores diésel U2 de Hyundai/Kia. Su cilindrada de 1,4 litros y potencia de 90 CV (con 220 Nm de par motor) lo convirtieron en una solución ideal para una amplia gama de vehículos: desde utilitarios urbanos como el Hyundai i20 y el Kia Rio, pasando por el práctico Venga, hasta compactos y familiares como el Hyundai i30 y el Kia Cee'd.
¿Por qué está tan valorado este motor en el mundo de la mecánica? Ante todo, porque los ingenieros han logrado crear un propulsor compacto que ofrece un buen par motor con unas exigencias de mantenimiento muy contenidas. Si buscas un diésel que no te deje tirado y que no te obligue a vaciar la cartera cuando toca pasar por el taller, el D4FC es uno de los mejores candidatos en el mercado de segunda mano.
| Característica | Dato |
|---|---|
| Cilindrada | 1396 cc |
| Potencia | 66 kW (90 CV) |
| Par motor | 220 Nm |
| Código de motor | D4FC (generación U2) |
| Tipo de combustible | Diésel (Common Rail) |
| Sobrealimentación | Turbo con intercooler |
Este motor utiliza cadena de distribución. A diferencia de los motores con correa dentada, donde el cambio está estrictamente definido por años o kilometraje, la cadena del D4FC está diseñada para durar muchos años. No obstante, la experiencia ha demostrado que puede estirarse ligeramente a partir de los 200.000–250.000 km, lo que se manifiesta con un traqueteo en el arranque en frío (durante los primeros segundos hasta que el tensor recibe presión de aceite).
Dado que el motor lleva cadena, no existe el típico “mantenimiento mayor” de distribución en el sentido tradicional. Sin embargo, el kit de correa auxiliar (microcorrea), con rodillos, tensor y bomba de agua, suele cambiarse de forma preventiva sobre los 120.000–150.000 km. La sustitución de la propia cadena de distribución solo se realiza cuando empieza a sonar, y el coste de esta intervención suele estar en la media (depende del mercado).
En cuanto a averías habituales en el bloque y la culata, el D4FC es muy fiable. Lo único que puede dar guerra son los calentadores, que con el tiempo tienden a agarrotarse en la culata. Si no se cambian con cuidado, pueden partirse al aflojarlos. También es frecuente observar ligeros rezumes de aceite en la junta de la tapa de balancines tras muchos kilómetros, pero se trata más de un problema estético que mecánico.
En este motor entran aproximadamente 5,3 litros de aceite. La recomendación del fabricante es aceite sintético de gradación 5W-30 con especificación ACEA C3 (imprescindible por el DPF). El cambio debe realizarse cada 10.000 y como máximo cada 15.000 km. En cuanto al consumo de aceite, este motor no es conocido por “beber” aceite. Es normal que consuma hasta 0,5 litros entre cambios. Si consume más de un litro cada 10.000 km, es momento de revisar segmentos, retenes de válvulas o el estado del turbo.
Aquí llegamos a una de las mayores ventajas de este motor. La gran mayoría de los D4FC de 90 CV (a diferencia de las variantes 1.6 CRDi más potentes) vienen de fábrica con volante de inercia fijo. Esto significa que no hay que temer el típico golpeteo del bimasa al ralentí ni sus caras reparaciones. El cambio del kit de embrague estándar (plato, disco y cojinete de empuje) no es caro (depende del mercado), lo que convierte a este coche en una opción fantástica para conductores con presupuesto ajustado. Nota: Algunas versiones específicas en ciertos mercados o con sistemas Start-Stop (ISG) pueden montar bimasa, por lo que siempre es buena práctica comprobarlo mediante el número de bastidor (VIN).
El sistema de inyección es Bosch Common Rail. Los inyectores son de muy buena calidad y, siempre que se utilice combustible limpio y se cambie el filtro de gasoil con regularidad, superan sin problemas los 250.000 km. Cuando los inyectores se desgastan, los síntomas son ralentí inestable (el motor “titubea” o vibra), dificultades de arranque y humo negro por el escape. Afortunadamente, los inyectores Bosch se pueden reparar con éxito y a un coste razonable (depende del mercado).
El turbo en estos motores suele ser de construcción sencilla (a menudo de geometría fija con válvula wastegate en las versiones menos potentes, mientras que las generaciones U2 más modernas utilizan VGT). La vida útil del turbocompresor supera los 200.000 km si se cambia el aceite a tiempo y si el conductor no apaga el motor inmediatamente después de una conducción exigente (hay que dejarlo unos segundos al ralentí para que el turbo se refrigere).
El motor está equipado con filtro DPF (filtro de partículas) y válvula EGR. Si el coche se utiliza un 90 % del tiempo en atascos urbanos, es casi seguro que aparecerán problemas. La válvula EGR se obstruye con hollín, lo que se traduce en pérdida de potencia y tirones a bajas revoluciones. El filtro DPF necesita recorridos por carretera (por encima de 2500 rpm durante al menos 20 minutos) para realizar la regeneración pasiva. Si se enciende el testigo del DPF, es imprescindible sacarlo a la autopista.
La buena noticia es que este motor NO lleva sistema AdBlue, por lo que no tendrás que preocuparte por fallos en bombas, calentadores o depósitos de urea, un auténtico quebradero de cabeza en muchos diésel modernos.
No es un motor deportivo, y conviene tenerlo claro antes de comprar. En ciudad el consumo se mueve entre 5,5 y 6,5 l/100 km, dependiendo de lo pesado que seas con el acelerador y del tráfico.
En modelos del segmento B (Hyundai i20, Kia Rio), los 90 CV y 220 Nm resultan más que correctos. El motor se muestra ágil en ciudad y responde bien. Sin embargo, en carrocerías del segmento C (Hyundai i30, Kia Cee'd, especialmente los familiares SW/CW), el motor puede resultar bastante “perezoso”. A la hora de adelantar en carreteras secundarias, exigirá reducir una o dos marchas y calcular bien la distancia, sobre todo si el coche va cargado de pasajeros y equipaje.
En autopista: Gracias a la caja de cambios de 6 velocidades, a 130 km/h suele ir a unas 2500–2600 rpm. El consumo aumenta ligeramente (debido a que el motor pequeño lucha contra la resistencia aerodinámica) y se sitúa alrededor de 6,0 l/100 km. El aislamiento acústico es correcto, pero por encima de 130 km/h el motor se deja oír claramente en el habitáculo.
Dado que en su configuración de fábrica el motor viene “capado” en aras de la fiabilidad y las emisiones, la reprogramación (Stage 1) es muy popular. Se puede aumentar la potencia con seguridad de 90 CV a unos 115–120 CV, y el par de 220 Nm a unos 250–260 Nm.
Esta reprogramación mejora notablemente la respuesta al acelerador y elimina esa sensación de “pereza” en carrocerías más pesadas, mientras que el consumo, con una conducción tranquila, se mantiene igual o incluso puede bajar ligeramente. Por supuesto, el aumento de potencia solo se recomienda si el turbo, el embrague y el DPF están en perfecto estado.
Este motor se combinó principalmente con una caja de cambios manual de seis velocidades (código M6CF1). Más raramente, sobre todo en versiones más antiguas o paquetes específicos, puede encontrarse con un cambio automático de 4 marchas, mientras que las cajas 7DCT más avanzadas se reservan para los motores 1.6 más potentes.
Averías de la caja manual: La parte mecánica es muy fiable. A veces los conductores comentan un ligero rascar o dificultad al engranar la primera o la marcha atrás. Esto suele deberse a un kit de embrague desgastado que no desembraga completamente, o a aceite viejo en la caja, y con menos frecuencia al desgaste de los sincronizadores.
Mantenimiento de la caja: Aunque el fabricante a menudo afirma que el aceite de la caja manual es “de por vida” (Lifetime), los buenos mecánicos saben que esto no es cierto. El aceite de la caja manual debe cambiarse cada 60.000–80.000 km. Se utiliza un aceite sintético de calidad, especificación 75W-85 GL-4. Si encuentras una unidad con cambio automático clásico, el cambio de aceite en él es absolutamente obligatorio cada 60.000 km; de lo contrario, pueden aparecer averías costosas en el bloque hidráulico.
El Hyundai/Kia 1.4 CRDi (D4FC) es un motor de la vieja escuela vestido con un traje moderno. ¿A quién va dirigido? A quien busca un vehículo racional, resistente y económico para el día a día, sin tener que preocuparse por piezas carísimas como el volante bimasa o los sensores del sistema AdBlue.
Si las prestaciones en autopista no son tu prioridad y haces un kilometraje decente combinando ciudad y carretera, este pequeño diésel U2 es una de las opciones más seguras que puedes elegir en el mercado de coches usados.
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