El motor con código G4LE, conocido también como parte de la familia Smartstream, es la columna vertebral de la flota híbrida (HEV) e híbrida enchufable (PHEV) de Hyundai y Kia. Lo encontramos en modelos populares como Hyundai IONIQ, Hyundai Kona, Kia Niro, Ceed y XCeed. Se trata de un motor de gasolina de cuatro cilindros y 1,6 litros con inyección directa (GDI), que funciona en el llamado ciclo Atkinson. Este ciclo sacrifica parte de la potencia bruta en favor de la máxima eficiencia térmica. El propio motor de combustión interna entrega unos modestos 105 CV y 147 Nm de par, pero muestra su verdadera cara solo en sinergia con el motor eléctrico, con lo que la potencia total del sistema asciende a respetables 141 CV hasta 183 CV (según la versión y la batería).
| Parámetro | Valor |
|---|---|
| Cilindrada | 1580 cc |
| Potencia (motor de combustión) | 77 kW (105 CV) |
| Par máximo | 147 Nm |
| Códigos de motor | G4LE (Smartstream G1.6 Hybrid) |
| Tipo de inyección | Inyección directa (GDI) |
| Tipo de sobrealimentación | Motor atmosférico (sin turbo) |
Para el accionamiento de los árboles de levas este motor utiliza una cadena de distribución. La buena noticia es que se trata de una solución bastante fiable. A diferencia de algunos competidores europeos, el G4LE rara vez sufre estiramiento de cadena a bajo kilometraje. El llamado “gran mantenimiento” en el sentido clásico (donde se cambia el kit de distribución a los 100.000 km) aquí no existe. La cadena se controla de forma visual y auditiva, y el cambio preventivo suele hacerse entre los 200.000 y 250.000 km. Sin embargo, las correas auxiliares y la bomba de agua sí requieren revisión y normalmente se cambian alrededor de los 120.000 km.
En el cárter de este motor entran unos 3,8 litros de aceite. Debido a las particularidades de funcionamiento de un híbrido (el motor se apaga y enciende con frecuencia y a menudo trabaja frío), se recomienda un aceite de excelente calidad y baja viscosidad, de grado 0W‑20 (o 5W‑30 si es necesario), que cumpla las normas API SN Plus o SP. La revisión pequeña debe hacerse cada 10.000 a 15.000 km. En cuanto al consumo de aceite, el atmosférico G4LE no es conocido por “beber” aceite. Un consumo de 0,1 a 0,2 litros cada 10.000 km es totalmente normal. No obstante, si los segmentos se han agarrotado por cambios de aceite demasiado espaciados o por acumulación de carbonilla, el consumo puede aumentar. Cualquier cifra por encima de 0,5 litros cada 1.000 km es alarmante y exige abrir el motor.
Dado que se trata de un gasolina con inyección directa, una chispa de calidad es clave. Las bujías se sustituyen cada 60.000 km, y de fábrica se montan bujías de iridio, algo más caras pero necesarias para un funcionamiento óptimo. El problema más habitual en este motor es la acumulación de carbonilla en las válvulas de admisión. Como el combustible no lava las válvulas (se inyecta directamente en el cilindro), los vapores de aceite del respiradero del cárter se “cocinan” sobre las válvulas. Los síntomas son ralentí inestable, pérdida de potencia y aumento del consumo. Se recomienda la llamada limpieza con cáscara de nuez (walnut blasting) cada 80.000 a 100.000 km.
Aunque no tenga turbo, el G4LE no es precisamente sencillo a nivel tecnológico. Los inyectores de alta presión son robustos, pero sensibles al combustible de mala calidad. Su sustitución es cara, aunque rara vez fallan antes de los 200.000 km si se utiliza gasolina de calidad. Para cumplir con la norma Euro 6d, este gasolina (especialmente a partir de 2019/2020) incorpora GPF (Gasoline Particulate Filter), equivalente al DPF en los diésel, así como una válvula EGR. La EGR puede obstruirse por la carbonilla ya mencionada, lo que provoca tirones al acelerar y el encendido del testigo “Check Engine”. El GPF se regenera mucho más fácilmente que un DPF diésel, ya que las temperaturas de los gases de escape en un gasolina son más altas, por lo que rara vez causa problemas serios. Al ser un motor de gasolina, obviamente no utiliza AdBlue.
Este es un punto que sorprende a muchos: Sí, este sistema lleva volante bimasa. Debido a la integración del motor eléctrico y la caja de cambios de doble embrague, los ingenieros tuvieron que montar un volante bimasa para amortiguar las fuertes vibraciones torsionales que se producen por el constante encendido y apagado del motor de gasolina durante la marcha. La sustitución de esta pieza es muy cara y supone un gasto importante (depende del mercado).
Este motor ha nacido para la conducción urbana. Gracias al motor eléctrico, que asume la mayor parte del esfuerzo al arrancar, el consumo real en ciudad se sitúa en fantásticos 4,0 a 5,5 l/100 km. En los híbridos enchufables (PHEV), si recargas la batería con regularidad, esta cifra puede ser de cero litros durante días.
Muchos se preguntan si 105 CV son insuficientes para SUV como el Kia Niro o el Kona. El motor por sí solo sí es algo “perezoso”, pero ahí entra en juego el motor eléctrico, que ofrece par máximo desde cero rpm. Por eso, el coche en ciudad se siente muy ágil al salir desde parado. En autopista la historia cambia un poco. El motor eléctrico apenas asiste a altas velocidades, por lo que el G4LE tiene que confiar en sus “músculos” atmosféricos. A 130 km/h de crucero, la caja suele mantenerlo en torno a 2.600‑2.800 rpm. El consumo entonces sube y suele situarse alrededor de 6,5 a 7,5 l/100 km, y en largas subidas de autopista se puede notar falta de empuje cuando la batería se descarga.
En teoría, es posible instalar GLP en un motor GDI (requiere fase líquida o un sistema que inyecte simultáneamente gasolina y gas para refrigerar los inyectores). Sin embargo, en la práctica, montar GLP en este conjunto híbrido es una auténtica locura. Por cuestiones de espacio (las baterías ya ocupan parte del maletero) no hay sitio para la bombona, la instalación es muy cara (a menudo más de 1.000 EUR) y, teniendo en cuenta que el coche ya consume unos 4,5 litros de gasolina, el retorno de la inversión tardaría décadas. No se recomienda.
Respuesta corta: Olvídate de la “repro”. El G4LE es un motor atmosférico, de modo que el aumento de potencia mediante software puede aportar como máximo 5 a 8 CV, algo totalmente imperceptible. Además, “jugar” con el software de un sistema híbrido puede alterar la comunicación entre el inversor, el motor eléctrico y la caja de cambios, lo que puede desembocar en averías catastróficas.
No encontrarás este motor asociado a una caja de cambios manual. Solo se monta con una caja automática de doble embrague seco de 6 velocidades (denominación 6DCT). Aunque el DCT ofrece cambios de marcha muy rápidos y suaves, también tiene sus inconvenientes.
Las averías más frecuentes están relacionadas con el desgaste de los propios embragues (síntomas: vibraciones, tirones al iniciar la marcha, especialmente en cuesta) y con problemas en los actuadores (la “robótica” que realiza los cambios). Al utilizar embragues secos, no soporta bien el avance a baja velocidad en atascos. La sustitución del kit de embragues y del volante bimasa es muy cara, y los costes de reparación oscilan entre 1.200 y más de 2.000 EUR (según el mercado).
Para alargar la vida de la caja, es fundamental realizar el mantenimiento de la transmisión. Aunque se trate de un cambio “seco”, en la parte de engranajes hay aceite de transmisión. Se recomienda encarecidamente cambiar este aceite cada 60.000 km para reducir el desgaste y prolongar la vida de rodamientos y sincronizadores.
Comprar un híbrido de segunda mano exige algo más que escuchar el motor. Esto es lo que debes comprobar sí o sí:
El motor 1.6 GDI Smartstream híbrido es una elección perfecta para familias, taxistas y conductores que recorren más del 70% de sus kilómetros en ciudad o en zonas periurbanas. Su economía de uso es incuestionable y su construcción atmosférica ofrece tranquilidad en lo que respecta al propio bloque motor. Por otro lado, si eres un conductor que hace habitualmente cientos de kilómetros por autopista en el carril de adelantamiento, este motor te decepcionará por su poca agilidad a alta velocidad y su mayor consumo. El aspecto principal que debes tener en cuenta al comprar uno de segunda mano es el estado de la caja DCT: si la transmisión ha sido bien mantenida y está en buen estado, tendrás un coche muy duradero y fiable.
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