Cuando Mercedes-Benz decidió jubilar el veterano M 274, el mercado necesitaba un motor que ofreciera una mejor entrega de potencia, menor consumo y un control más estricto de las emisiones. El resultado es el M 264, un gasolina turbo de dos litros que se montó ampliamente en la Clase E (W213 berlina, S213 familiar, C238 coupé y A238 cabrio), tanto antes como después del restyling de 2020.
Lo que hace especial a este motor en la versión E 200 es el sistema EQ Boost. Se trata de un mild-hybrid de 48 voltios con generador de arranque integrado (ISG). Este sistema no puede mover el coche solo con electricidad, pero añade par de forma instantánea al iniciar la marcha, asume el papel de motor de arranque para un sistema Start-Stop imperceptible y permite el “planeo” (coasting) con el motor apagado en vías rápidas. Como redactor técnico con experiencia, puedo decirle que en la práctica este motor se comporta de forma extremadamente refinada, aunque trae consigo la complejidad de la era moderna.
| Característica | Dato |
|---|---|
| Cilindrada | 1991 cc (2.0L) |
| Potencia | 145 kW (197 CV) @ 5500-6100 rpm |
| Par motor | 320 Nm @ 1650-4000 rpm |
| Códigos de motor | M 264 E 20 DEH LA |
| Tipo de inyección | Inyección directa (Direct Injection) |
| Turbo/Atmosférico | Turbo de doble entrada (twin-scroll) con intercooler |
Como la mayoría de los motores de gasolina modernos de Mercedes, el M 264 utiliza cadena de distribución. A nivel de diseño está muy mejorada respecto al tristemente célebre M 271, por lo que los problemas de salto de cadena son poco frecuentes. No obstante, la cadena no es eterna. La experiencia en los talleres muestra que los tensores y las guías empiezan a dar síntomas de fatiga tras 150.000 a 200.000 km. Por ello, a estos kilometrajes se recomienda de forma preventiva lo que podríamos llamar una “revisión mayor” de distribución: sustitución del kit completo. El síntoma que el conductor puede notar es un breve traqueteo metálico al arrancar en frío por la mañana, hasta que el sistema genera presión de aceite.
En general es un motor fiable, pero su complejidad marca las reglas del juego. El mayor temor de los propietarios es el sistema EQ Boost de 48V. Las averías en la propia batería de 48 voltios o en el generador de arranque integrado (ISG) pueden dejarle tirado con un mensaje en el cuadro de error en el sistema de carga. La reparación de estos componentes es muy costosa (Depende del mercado), y a menudo solo se resuelve sustituyendo el módulo completo, aunque también son frecuentes los “bugs de software” que los servicios oficiales corrigen mediante actualizaciones.
Mecánicamente, el motor sufre de acumulación de carbonilla en las válvulas de admisión (carbon build-up), una consecuencia inevitable de la inyección directa, ya que la gasolina no limpia las válvulas. Cada 80.000 a 100.000 km se recomienda limpiar la admisión mediante proyección de cáscara de nuez (walnut blasting) para recuperar el funcionamiento suave y el consumo óptimo. También son frecuentes los problemas con la válvula PCV (separador de vapores de aceite), que pueden provocar un aumento del consumo de aceite y silbidos en el compartimento motor.
En este bloque caben entre 6,0 y 6,5 litros de aceite. Se recomienda usar aceite totalmente sintético de grado 5W-30 o 5W-40, que debe cumplir estrictamente las normas Mercedes MB 229.51 o MB 229.52 (por el filtro GPF del que hablaremos más adelante). A diferencia de algunos motores de la competencia, el M 264 no es conocido por “consumir” aceite. Una pérdida de 0,1 a 0,2 litros cada 1000 km se considera tolerable por evaporación, pero cualquier cosa por encima de eso exige revisar el turbo y la citada válvula PCV.
Al tratarse de un gasolina moderno, las bujías se cambian cada 60.000 km. Esta pauta no debe ignorarse, ya que unas bujías desgastadas en un motor de inyección directa provocan combustiones irregulares (misfire), lo que puede dañar directamente los pistones y el catalizador.
Aunque en la Clase E casi siempre se monta cambio automático, el tema del volante bimasa (en el sentido clásico que conocemos de las cajas manuales) apenas se menciona aquí, ya que el ISG (Integrated Starter Generator) va situado entre el motor y la caja de cambios. El sistema de inyección directa trabaja a una presión extremadamente alta utilizando inyectores piezoeléctricos. Son inyectores robustos y raramente fallan, pero son muy sensibles a la mala calidad del combustible. Los síntomas de inyectores obstruidos son ralentí inestable, tirones al acelerar y pérdida de potencia. La sustitución de los inyectores es costosa (Depende del mercado).
El M 264 utiliza un único pero avanzado turbo twin-scroll. Este diseño separa los gases de escape procedentes de distintos cilindros, reduciendo drásticamente el “turbo lag” y proporcionando una respuesta muy rápida al acelerador desde apenas 1650 rpm. La vida útil del turbo depende exclusivamente del estilo de conducción y de los cambios de aceite a su debido tiempo; por lo general supera sin problemas los 200.000 km. Si el turbo empieza a silbar de forma excesiva o nota humo azulado por el escape, ha llegado el momento de una reparación.
En cuanto a ecología, conviene aclarar algunos mitos: es un motor de gasolina, por lo que NO tiene sistema AdBlue ni filtro DPF. Sin embargo, para cumplir la exigente norma Euro 6d-TEMP, está equipado con filtro GPF (Gasoline Particulate Filter), es decir, filtro de partículas para motores de gasolina. El GPF es mucho menos problemático que el DPF en los diésel, ya que los gasolina trabajan con temperaturas de escape más altas y el filtro se regenera de forma más fácil y rápida. Aun así, si el coche se usa exclusivamente en trayectos urbanos cortos y con el motor frío bajo fuerte aceleración, el GPF puede llegar a obstruirse parcialmente, encendiendo el testigo de “Check Engine”. También está presente la válvula EGR (recirculación de gases de escape), que junto con la carbonilla mencionada puede requerir limpieza periódica.
Muchos temen que un motor de 2,0 litros sea “perezoso” para la voluminosa carrocería de la Clase E (sobre todo en las versiones familiar o All-Terrain con tracción 4MATIC). La práctica demuestra lo contrario. Con 197 CV y 320 Nm de par, a los que hay que sumar el par instantáneo del sistema eléctrico EQ Boost (hasta 150 Nm de empuje eléctrico al arrancar), el coche resulta sorprendentemente ágil. No es un deportista, pero para adelantamientos diarios y una conducción segura ofrece un equilibrio ideal.
En conducción urbana con tráfico denso, el consumo real se sitúa entre 8,5 y 11 l/100 km, según la pesadez del pie derecho y si el coche lleva tracción 4MATIC o no. Aquí el EQ Boost brilla, ya que el sistema Start-Stop funciona “como la seda”: el motor se apaga y enciende sin que casi se note.
En carretera abierta muestra su mejor cara. En autopista, a 130 km/h, la fantástica caja mantiene el motor a apenas 1800-2000 rpm en novena marcha. En esas condiciones reina un silencio absoluto en el habitáculo y el consumo baja a unos excelentes 6,5 a 7,5 l/100 km.
La respuesta es corta y clara: NO. Debido al complejo sistema de inyección directa, los inyectores de gasolina están ubicados dentro del propio cilindro y deben refrigerarse con el flujo de gasolina. Instalar un sistema adecuado de inyección directa que siga usando gasolina para refrigerar los inyectores es extremadamente caro y conlleva un riesgo muy alto de avería de la bomba de alta presión y de los propios inyectores. Si busca una conducción más barata, el M 264 no es un motor para experimentar con gas.
El motor es mecánicamente bastante robusto y agradecido para una ligera reprogramación. Con una modificación “Stage 1”, la potencia se eleva con seguridad de 197 CV a unos 240 a 250 CV, y el par supera los 400 Nm. El sistema EQ Boost permanece con la configuración de fábrica; solo se reprograma la ECU del motor. No obstante, hay que tener en cuenta que más potencia significa más calor, por lo que el mantenimiento del sistema de refrigeración y acortar los intervalos de cambio de aceite (a 10.000 km) se vuelve imprescindible.
Con el motor M 264 en la Clase E (tanto con propulsión trasera como con 4MATIC) no existe caja de cambios manual. La potencia se transmite exclusivamente a través del fantástico cambio automático 9G-TRONIC de Mercedes.
Esta caja utiliza un convertidor de par hidrodinámico (torque converter), lo que significa que no tiene el clásico volante bimasa ni disco de embrague como en las cajas manuales o en los cambios DSG/DCT, de modo que se libra de esos costes.
Los problemas más habituales en el 9G-TRONIC se refieren a pequeños tirones al cambiar de segunda a tercera, especialmente con el aceite frío. En la mayoría de los casos no se trata de una avería mecánica, sino que se soluciona reseteando los valores adaptativos del módulo de la caja y actualizando el software en un servicio oficial.
Lo realmente crucial es el mantenimiento periódico de la caja. Aunque algunos boletines de fábrica mencionan intervalos de 120.000 km, cualquier buen mecánico le dirá que el aceite de la caja, junto con el filtro, debe cambiarse como máximo cada 60.000 a 80.000 km para evitar dañar el cuerpo de válvulas (mecatrónica). El coste de este servicio es elevado (Depende del mercado), principalmente porque en el 9G-TRONIC el filtro va integrado en el cárter de plástico, por lo que hay que sustituir toda la tapa inferior de la caja con sus juntas.
Al comprar un E 200 de segunda mano con motor M 264, preste atención a lo siguiente:
El Mercedes M 264 (E 200) es un motor moderno extraordinario. Está pensado para conductores que buscan el máximo refinamiento, un bajo nivel de ruido en el habitáculo y unos costes de matriculación moderados en comparación con los motores de seis cilindros más grandes. Ofrece potencia más que suficiente para la pesada carrocería y le sorprenderá con su consumo en carretera. Sin embargo, no es para conductores que descuidan el mantenimiento; exige aceite de calidad, servicios regulares de la caja de cambios y la conciencia de que, cuando la complejidad de la tecnología híbrida falla, las reparaciones requieren un bolsillo más profundo.
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