El motor del que hablamos hoy es un auténtico “peso pesado” de la vieja escuela. Aunque en Europa lo conocemos como el Y32NE (o SE) de Opel, en realidad se trata de un propulsor japonés puro, el Isuzu 6VD1. Este V6 es el corazón de las versiones más potentes de la Opel Frontera B tras el restyling.
Este motor es importante porque representa la cúspide de la gama en la Frontera, ofreciendo la potencia que les faltaba a los diésel y a los gasolina más antiguos. Sin embargo, también trae consigo desafíos de mantenimiento específicos, característicos de los grandes V6 de finales de los 90 y principios de los 2000. Está pensado para quienes quieren potencia bruta para off-road y no se preocupan demasiado por el coste del combustible.
| Característica | Datos |
|---|---|
| Cilindrada | 3165 cc (3.2 L) |
| Configuración | V6, DOHC, 24 válvulas |
| Potencia | 151 kW (205 CV) a 5400 rpm |
| Par motor | 290 Nm a 3000 rpm |
| Código de motor | Y32NE (Opel) / 6VD1-W (Isuzu) |
| Tipo de inyección | Inyección indirecta multipunto (MPI) |
| Sobrealimentación | Atmosférico (Naturally Aspirated) |
Este motor utiliza correa dentada para accionar los árboles de levas. Es un dato muy importante porque se trata de un motor de tipo “interference”: si la correa se rompe, los pistones golpean las válvulas y provocan una avería que a menudo supera el valor del propio vehículo. Se recomienda hacer la distribución completa cada 100.000 a 120.000 km o cada 5-6 años (lo que ocurra antes). Es fundamental cambiar también el tensor hidráulico de la correa, ya que suele fallar antes que la propia correa, lo que provoca un traqueteo característico (como si el motor funcionara “en seco”) antes de que salte el dentado.
Los V6 de Isuzu son conocidos por su afición al aceite. Un consumo de aceite de 0,5 a 0,8 litros cada 1.000 km en unidades más viejas con aros o retenes de válvula en mal estado se suele tolerar, aunque no es lo ideal. Oficialmente, todo lo que supere 1 litro cada 1.000 km es una señal clara de que hace falta una reparación a fondo.
En el cárter entra una cantidad considerable de aceite, unos 5,7 litros (siempre comprobar la varilla al rellenar). Se recomienda un buen aceite sintético de grado 5W-30 o 5W-40. Si el motor tiene muchos kilómetros y consume aceite, algunos propietarios pasan a 10W-40 como solución temporal, pero eso puede dificultar el funcionamiento de los taqués hidráulicos en invierno.
Además del consumo de aceite, esto es lo que más suele preocupar a los propietarios:
Al ser un motor de gasolina, las bujías son clave. Se cambian aproximadamente cada 30.000 a 40.000 km si se usan bujías estándar de cobre, o cada 60.000 - 90.000 km si son de iridio/platino (recomendables). El acceso a las bujías de uno de los bancos del motor en V puede ser complicado por la cantidad de manguitos y elementos alrededor, por lo que los mecánicos suelen cobrar algo más que en un cuatro cilindros convencional.
Volante bimasa: Las versiones con cambio manual en la Frontera B suelen montar volante bimasa (Dual Mass Flywheel) para reducir las vibraciones del V6 y proteger la caja de cambios en conducción off-road. El coste de sustituir el kit de embrague junto con el volante es elevado (depende del mercado), pero por suerte estos volantes suelen durar bastante, ya que el motor no entrega el par de forma tan brusca como los diésel turbo.
Turbo e inyección: La buena noticia es que este motor no lleva turbocompresor. Es una preocupación (cara) menos. El sistema de inyección es un MPI estándar con inyectores eléctricos. Los inyectores son muy duraderos y rara vez dan problemas, salvo que se use gasolina muy sucia. Una limpieza por ultrasonidos suele resolver los fallos que aparecen.
EGR y emisiones: Este motor lleva válvula EGR para la recirculación de gases de escape. Suele ensuciarse con carbonilla (sobre todo si el motor consume aceite), lo que provoca el encendido del testigo de “Check Engine” y una peor respuesta al acelerador. Por suerte, se puede limpiar. No lleva filtro de partículas (DPF) ni utiliza AdBlue, ya que se trata de una generación más antigua de motores de gasolina.
Con 205 CV y 290 Nm, la Frontera con este motor no es perezosa, pero tampoco es una máquina deportiva. El motor tiene potencia suficiente para mover una carrocería pesada y un remolque, pero las aceleraciones son lineales, sin ese “empujón” en la espalda típico de los motores turbo. En campo, el par a bajas revoluciones es más que suficiente para superar obstáculos.
Aquí llegamos al punto doloroso. Siendo realistas:
Sí, este motor es muy adecuado para la instalación de un sistema de GLP. Gracias a la inyección indirecta, la conversión es sencilla y (relativamente) económica, aunque requiere componentes de calidad (inyectores rápidos, vaporizador más potente) debido a sus más de 200 CV. La botella suele colocarse bajo el vehículo o en el maletero, pero dado su consumo, se necesita un depósito de gran capacidad para tener una autonomía decente. La pérdida de potencia con GLP es despreciable si el mapa está bien ajustado.
Al ser un motor atmosférico, la reprogramación (“chip tuning”) es tirar el dinero. Se pueden ganar quizá 10-15 CV y una respuesta algo más viva al acelerador, pero en un todoterreno pesado no lo notará realmente. Es mejor invertir ese dinero en un buen mantenimiento o en neumáticos de calidad.
Con el 3.2 V6 en la Frontera B lo más habitual es encontrar caja de cambios automática, aunque también existen versiones manuales.
Es una caja automática de cuatro marchas que también se montó en modelos BMW y Opel de la época. Por desgracia, se considera el eslabón más débil de este conjunto mecánico.
Problemas: La caja fue diseñada para vehículos más ligeros. En la pesada Frontera, especialmente remolcando o en off-road, tiende a sobrecalentarse. Las averías típicas son la pérdida de la marcha atrás, el patinamiento entre 2.ª y 3.ª, o la avería total.
Mantenimiento: El cambio de aceite y filtro de la caja es obligatorio cada 40.000 a 60.000 km. Si el aceite huele a quemado, probablemente la caja ya necesite una reparación completa.
La caja de cambios manual (normalmente de 5 velocidades) es mucho más robusta y fiable. Las averías son poco frecuentes y suelen limitarse al desgaste de componentes (síncronos, rodamientos) tras muchos kilómetros. Se recomienda cambiar el aceite cada 60.000 km, aunque muchos fabricantes digan que es “de por vida” (mejor no creerlo).
Al comprar una Frontera con motor 3.2 V6, es imprescindible comprobar lo siguiente:
Conclusión: La Opel Frontera 3.2 V6 es un vehículo para un tipo de comprador muy específico. No es para ciudad, ni para hacer largos viajes por autopista debido a su consumo. Es una máquina de trabajo y todoterreno de fin de semana. Si encuentra una unidad con caja manual (o automática ya reparada) y le instala GLP, obtendrá un vehículo muy capaz que no le dejará tirado en barro o nieve, con el sonido de un auténtico V6 que ningún diésel puede ofrecer. El mantenimiento no es barato, pero mecánicamente el motor es muy resistente siempre que no se quede sin aceite.
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