El motor con la denominación Y22DTR, conocido comercialmente como 2.2 DTI de 125 CV, representó la cima de la oferta de motores diésel de Opel a finales de los noventa y principios de los dos mil, antes de que pasaran por completo a los propulsores Common Rail de Fiat (1.9 CDTI). Se montaba en una amplia gama de vehículos: desde el más ligero Astra G, pasando por Vectra B y C, hasta carrocerías más pesadas como Zafira A y Signum. Es un motor de la “vieja escuela”, conocido por su bloque macizo y su capacidad para recorrer kilometrajes muy elevados, pero con una reputación particular debido a su delicado sistema de inyección, que requiere la atención de un mecánico experimentado.
| Parámetro | Dato |
|---|---|
| Denominación del motor | Y22DTR |
| Cilindrada | 2172 cc |
| Potencia | 92 kW (125 CV) |
| Par motor | 280 Nm |
| Tipo de combustible | Diésel |
| Sistema de inyección | Inyección directa (bomba rotativa Bosch VP44) |
| Sobrealimentación | Turbo (VGT - geometría variable) |
A diferencia de muchos motores modernos, el Y22DTR no lleva correa de distribución, sino cadena. Esto significa que aquí no existe el típico “gran mantenimiento” en el sentido de sustituir correa, rodillos tensores y bomba de agua cada 60.000 a 90.000 km. La cadena es doble (dúplex) y extremadamente duradera. Sin embargo, no es eterna: después de unos 300.000 km los patines plásticos de la cadena pueden desgastarse y la propia cadena estirarse. Si al arrancar en frío se oye un traqueteo o repiqueteo metálico procedente del lado del acompañante, ha llegado el momento de cambiar el kit de cadena, lo que se considera una reparación costosa (depende del mercado).
En este motor entran alrededor de 5,5 litros de aceite. La graduación recomendada es 5W-40 (o 10W-40 si el motor tiene un kilometraje muy elevado y muestra signos de desgaste, aunque el 5W-40 protege mejor el turbo). Este motor puede consumir algo de aceite entre cambios; un consumo de unos 0,5 a 1 litro cada 10.000 km se considera totalmente normal y aceptable para este propulsor. Si el consumo es mucho mayor, los culpables más habituales son los retenes de válvula gastados, los segmentos de los pistones o fugas de aceite en el propio turbocompresor.
Además del sistema de inyección (del que hablaremos más abajo), el problema más conocido de este motor son las mangueras de retorno de combustible y las juntas de los inyectores. Debido a la edad y a la temperatura del motor, estas mangueras se vuelven porosas y el sistema “aspira” aire. Síntoma: por la mañana el coche tarda mucho en arrancar y no quiere ponerse en marcha, o arranca unos segundos y se cala. La sustitución de estas mangueras y juntas es una intervención bastante barata, pero de importancia crucial para la fiabilidad.
Los inyectores de este motor son totalmente mecánicos y muy resistentes: rara vez dan problemas por sí solos y pueden durar tanto como el propio motor si se utiliza combustible limpio. Sin embargo, la bomba de alta presión Bosch VP44 es la pesadilla de este propulsor.
Este motor no utiliza sistema Common Rail, sino una bomba rotativa distribuidora (VP44). El problema está en que la electrónica de la bomba (unidad de control) se encuentra sobre la propia bomba, directamente expuesta a las altas temperaturas y vibraciones del motor (en los modelos Vectra C y Signum es el conocido módulo PSG16). Como consecuencia, la placa electrónica o el transistor interno acaban quemándose. Los síntomas son claros: el coche se para en marcha y ya no arranca, o genera errores, entra en limp mode (modo de emergencia con potencia reducida) y funciona de forma muy brusca. Una bomba nueva es muy cara, por lo que lo más habitual es reparar la electrónica y la mecánica de la bomba, lo que sigue siendo una reparación muy costosa (depende del mercado).
El motor dispone de un turbocompresor con geometría variable (VGT). La vida útil del turbo en general es buena (más de 250.000 km), siempre que se cambie el aceite a tiempo. El problema aparece cuando el coche se utiliza sobre todo en ciudad y a bajas revoluciones: las paletas de la geometría variable se llenan de hollín y se quedan atascadas. El conductor lo nota como una pérdida brusca de potencia y el encendido del testigo de “check engine” al acelerar.
Una gran ventaja de este motor hoy en día es que no lleva filtro DPF ni sistema AdBlue, ya que solo cumple la normativa Euro 3 (algunas versiones posteriores eran “más limpias”, pero el DPF aquí no es una preocupación). Sin embargo, la válvula EGR y el colector de admisión sí dan problemas serios. La EGR se ensucia muy rápido, se queda bloqueada en posición abierta, el coche pierde fuerza a bajas revoluciones y echa humo negro por el escape. El colector de admisión incorpora las llamadas “mariposas” (swirl flaps) que, debido a los depósitos de hollín, pueden atascarse o incluso romperse.
Este motor, con sus 125 CV y 280 Nm de par, ofrece unas prestaciones correctas, pero su carácter cambia según la carrocería que tenga que mover.
¿Conviene hacerle una “repro” (modificación Stage 1 por software) al 2.2 DTI? Físicamente, el bloque motor y el turbo pueden soportar sin problema un aumento de potencia hasta unos 150 CV y más de 320 Nm de par. Sin embargo, esto no se recomienda salvo que se tenga absoluta certeza del buen estado de la bomba Bosch. La bomba VP44 trabaja ya al límite de su diseño; aumentar por software la demanda de inyección reduce drásticamente su vida útil y acelera su fallo. Además, el par adicional termina de rematar rápidamente un volante bimasa ya envejecido.
Este motor suele ir asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades (normalmente la robusta F35). La caja, como conjunto mecánico, es duradera y rara vez se avería, pero con el tiempo el selector de marchas (cables y varillaje) coge holgura, por lo que el engranaje de marchas (sobre todo primera y marcha atrás) puede volverse “gomoso” e impreciso.
Sí, este motor tiene volante bimasa. Sus síntomas de fallo son vibraciones notables al ralentí, golpes metálicos al arrancar y parar el motor, así como tirones al iniciar la marcha. La sustitución del kit completo (volante bimasa, disco, plato de presión y cojinete de empuje) se considera una reparación muy costosa (depende del mercado).
En las versiones automáticas se montó una caja Aisin de 5 velocidades. Es cómoda, pero muy lenta en los cambios y ahoga aún más la ya de por sí “perezosa” respuesta del motor a bajas revoluciones. El aceite de la caja automática debe cambiarse, sí o sí, cada 60.000 km. Si se descuida el cambio de aceite, las electroválvulas de la caja se dañan y la transmisión empieza a dar tirones bruscos al cambiar, especialmente de 2ª a 3ª marcha.
Al comprar un coche de segunda mano con motor Y22DTR, es imprescindible hacer lo siguiente:
Conclusión: ¿Para quién es el Y22DTR?
Este motor es una opción ideal para conductores que recorren muchos kilómetros por carretera, que buscan un coche de segunda mano económico, con potencia suficiente y sin preocuparse por modernos filtros DPF y sensores. Debido al precio extremadamente alto de la bomba Bosch, comprar hoy un coche con este motor supone cierto riesgo, por lo que solo se recomienda si el propietario anterior puede aportar una factura clara de que la bomba VP44 ya ha sido reparada por completo. Para uso exclusivamente urbano, es mejor evitarlo: será tragón y propenso a la obstrucción del sistema de admisión.
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