El motor con código H4B 408, comercialmente conocido como 0.9 TCe (Turbo Control Efficiency), es la respuesta de Renault a la era del “downsizing”: reducción de cilindrada con la ayuda de un turbo. Este pequeño motor tricilíndrico de 899 cc asumió el papel de propulsor básico e intermedio en muchos modelos populares, incluyendo prácticamente toda la gama de Dacia (Logan II, Sandero II, MCV, versiones Stepway), así como modelos Renault (Clio IV, Captur). Su principal objetivo era ofrecer agilidad en ciudad con bajos costes de matriculación y producción, y la práctica ha demostrado que, con ciertos compromisos, se ha convertido en uno de los pequeños motores turbo de gasolina más fiables del mercado.
| Característica | Dato |
|---|---|
| Código de motor | H4B 408 (0.9 TCe) |
| Cilindrada | 899 cc (0,9 L) |
| Potencia | 66 kW (90 CV) |
| Par motor | 135 Nm a 2500 rpm |
| Tipo de inyección | Indirecta (MPI - Multi-Point Injection) |
| Sobrealimentación | Turbo con intercooler |
| Sistema de distribución | Cadena de distribución |
La buena noticia para los propietarios es que el 0.9 TCe utiliza cadena de distribución, y no correa dentada. Por ello, no se realiza un “kit de distribución” clásico en un intervalo estrictamente definido. Sin embargo, la cadena no es eterna. Se recomienda revisar en detalle el estado de la cadena, el tensor y las guías mediante diagnóstico y de forma auditiva (escuchando el motor en arranque en frío) alrededor de los 150.000 a 200.000 km. Aunque la cadena no se cambie a menudo, el llamado “gran servicio” incluye la sustitución de la correa auxiliar (accesorios), rodillos, tensor y bomba de agua, lo que se recomienda cada 80.000 a 100.000 km o cada 5 años.
En este pequeño bloque caben aproximadamente 4,1 litros de aceite junto con el filtro. Se recomienda utilizar aceite totalmente sintético de grado 5W-40 o 5W-30 que cumpla las normas Renault RN0700 o RN0710. En cuanto al consumo de aceite, el 0.9 TCe no es conocido por consumir en exceso como algunos competidores. Es normal que consuma entre 0,2 y 0,5 litros cada 10.000 km. Si notas un consumo mayor, el problema suele estar en el turbo o en segmentos de pistón pegados debido a cambios de aceite demasiado espaciados.
Al tratarse de un gasolina turbo, las bujías trabajan bajo mayor esfuerzo que en motores atmosféricos. Se recomienda estrictamente su sustitución cada 60.000 km. Si se excede este intervalo, pueden fallar las bobinas de encendido o aparecer un funcionamiento irregular del motor (tirones al acelerar).
Aunque mecánicamente es muy robusto, el 0.9 TCe tiene un par de problemas molestos. El más conocido es la fuga de refrigerante en la carcasa del termostato. La carcasa de plástico se deforma con el tiempo debido al calor y el refrigerante empieza a fugar. La reparación es sencilla y no es cara (depende del mercado). Otro síntoma frecuente es el ralentí inestable, especialmente con el motor frío. A menudo se trata de un problema de software o de una mariposa de admisión sucia, y en ocasiones se soluciona simplemente con una actualización del software de la centralita (ECU).
A diferencia de los diésel modernos, el 0.9 TCe no tiene volante bimasa, sino un volante motor fijo convencional. Esto es un gran alivio para el bolsillo, ya que elimina una de las averías más caras en coches de segunda mano. En cuanto al sistema de inyección, utiliza el conocido sistema MPI (Multi-Point Injection), es decir, inyección indirecta de combustible en el colector de admisión. Los inyectores de este motor son muy fiables, no son tan propensos a obstruirse por depósitos de carbono como en la inyección directa y, si fallan, su sustitución no es cara (depende del mercado).
El motor está equipado con un único turbo relativamente pequeño (normalmente BorgWarner). La vida útil del turbo es bastante buena y, con cambios de aceite regulares, supera sin problemas los 200.000 km. El consejo más importante para preservar el turbo es que, tras una conducción agresiva o un viaje largo, dejes el motor al ralentí unos 30 segundos para que el aceite enfríe los cojinetes del turbo.
Dado que se trata de un motor de gasolina, no lleva filtro de partículas (DPF) ni sistema AdBlue. Tampoco tiene la clásica válvula EGR problemática que se obstruye constantemente con hollín como en los diésel, sino que utiliza un sistema de distribución variable (VVT) para lograr un efecto similar de reducción de emisiones. Todo esto lo hace mucho más adecuado para trayectos cortos urbanos en comparación con los diésel modernos.
A pesar de su pequeña cilindrada, no esperes que este motor consuma como un mechero. En condiciones de tráfico denso de tipo “para y arranca”, con el aire acondicionado encendido, el consumo real en ciudad se sitúa entre 7 y hasta 8,5 l/100 km. En carretera secundaria, a unos 80 km/h, el consumo baja drásticamente hasta unos 4,5–5 litros.
¿Es un motor “perezoso”? Para carrocerías ligeras como el Renault Clio y el Dacia Sandero, los 90 CV y 135 Nm son más que suficientes para una conducción ágil en ciudad, ya que el turbo permite una buena respuesta a bajas revoluciones. Sin embargo, en modelos más grandes como el Dacia Logan MCV (familiar) o el Renault Captur, cuando van cargados con pasajeros y equipaje, el motor se queda sin aliento con rapidez. A la hora de adelantar en subida, hay que llevarlo a altas revoluciones.
En autopista, el 0.9 TCe no juega en casa. Debido a la caja de cambios de cinco velocidades con desarrollos cortos, a 130 km/h el motor gira en torno a 3.400–3.500 rpm. Esto implica más ruido en el habitáculo y un aumento del consumo por encima de 7,5 litros de gasolina. Este motor puede mantener esa velocidad de crucero, pero el ruido resulta cansado en viajes largos.
¡Absolutamente sí! Gracias a la mencionada inyección MPI (indirecta), la instalación de GLP es bastante sencilla, no requiere sistemas caros de inyección en fase líquida ni provoca problemas con los inyectores de gasolina (como ocurre en la inyección directa). Muchos Dacia salían incluso de fábrica con equipos de gas Landi Renzo ya instalados. El mantenimiento de este sistema es muy económico.
Aunque la cilindrada es pequeña, el turbo deja margen para modificaciones. Un Stage 1 de reprogramación seguro puede aumentar la potencia de los 90 CV de serie hasta unos 110–115 CV, mientras que el par pasa de 135 Nm a unos respetables 160–170 Nm. Esto se nota sobre todo en las recuperaciones y facilita los adelantamientos en carretera; si se conduce con normalidad, no compromete de forma significativa el cigüeñal ni la vida útil del turbo.
La caja de cambios manual de cinco velocidades estándar (normalmente de la serie JR5 o JH3) es extremadamente fiable y robusta. Su único defecto es un recorrido de la palanca algo impreciso, característico de modelos franceses más antiguos, pero rara vez se avería. Teniendo en cuenta que utiliza un volante motor fijo (convencional), el coste de sustituir el kit de embrague (plato de presión, disco y cojinete de empuje) no es elevado (depende del mercado) y forma parte del mantenimiento habitual. Aunque el fabricante afirma que el aceite de la caja es “de por vida”, cualquier buen mecánico te recomendará cambiarlo cada 80.000 a 100.000 km para prolongar la vida de los rodamientos y sincronizadores.
En la lista de modelos que utilizan este motor aparece a menudo la caja Easy-R. Dejémoslo claro desde el principio: no es una caja automática real, sino una “caja manual robotizada”. Tiene un embrague convencional y engranajes manuales, pero el accionamiento del embrague y el cambio de marchas lo realizan motores eléctricos (actuadores). La experiencia práctica es muy negativa.
Los principales síntomas de fallo son fuertes tirones al iniciar la marcha, especialmente en pendiente o en atascos. El embrague de este sistema se deteriora mucho más rápido que en la versión manual (a menudo no llega ni a 60.000 km). La reparación y calibración de los actuadores, junto con los frecuentes cambios de embrague, hacen que esta caja sea cara de mantener. Si vas a comprar un coche de segunda mano, es muy recomendable evitar las versiones con Easy-R.
Al mirar un Dacia o Renault de segunda mano con motor 0.9 TCe, insiste siempre en realizar un arranque en frío (que el coche no se haya arrancado ese día). Escucha con atención el sonido del motor justo después de accionar el arranque: si oyes un traqueteo metálico agudo que desaparece tras unos segundos, es señal de que la cadena está estirada y se acerca su sustitución. Abre el capó y revisa los laterales del motor alrededor de la carcasa del termostato; si ves restos resecos de refrigerante de color rosado/verde, ten en cuenta que hay una fuga.
Asimismo, durante la prueba de conducción presta atención al tren de rodaje, ya que los modelos Dacia tienen una suspensión blanda y los silentblocks pueden dañarse por los malos firmes. Conecta siempre el coche a una máquina de diagnosis para comprobar la presión del turbo y los fallos de encendido (misfires), que pueden indicar bujías o bobinas en mal estado.
El motor 0.9 TCe (H4B 408) es una elección racional y “de sentido común” para quienes necesitan un coche barato y poco exigente para el uso diario en ciudad y escapadas ocasionales fuera de ella. Sin volante bimasa, sin EGR clásico y sin inyección directa, es un motor con el que de entrada sabes que no tendrás las costosas reparaciones típicas de los diésel modernos.
Si buscas un coche para taxi o reparto, combinado con caja manual y GLP instalado, el 0.9 TCe en una carrocería Dacia Sandero o Logan es una herramienta de trabajo casi indestructible y económica. Sin embargo, si lo que quieres es una berlina cómoda para hacer a diario largos trayectos de autopista a más de 130 km/h, este tricilíndrico te cansará tanto por el ruido como por el consumo.
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