Cuando se habla de Renault de los años 2000, el motor con código K4M de 1,6 litros y 16 válvulas es probablemente la primera asociación para cualquier mecánico experimentado. Con sus 112 CV (82 kW), este propulsor representaba el “término medio ideal” y se montaba masivamente en toda la gama de vehículos: desde el compacto Modus y el Clio, pasando por el popular Megane II, hasta berlinas más pesadas como el Laguna II y los familiares Grand Scenic. Aunque no fue diseñado para batir récords de velocidad, su robustez, sencillez y tolerancia a condiciones de uso más duras lo convirtieron en uno de los motores de gasolina más buscados en el mercado de segunda mano.
| Característica | Dato |
|---|---|
| Cilindrada | 1598 cc |
| Potencia | 82 kW (112 CV) |
| Par motor | 152 Nm a 4200 rpm |
| Código de motor | K4M (varias extensiones como 760, 812 según el modelo) |
| Tipo de inyección | Multipoint (inyección indirecta en el colector de admisión) |
| Sobrealimentación | Motor atmosférico (Naturally aspirated) |
| Tipo de combustible | Gasolina (Petrol) |
Este propulsor pertenece a la vieja escuela de ingeniería, lo que en la práctica significa que no tiene muchas piezas caras que puedan dejarte tirado en la carretera. Aun así, tiene sus “enfermedades infantiles” que todo propietario debe conocer.
El motor K4M utiliza correa de distribución. El mantenimiento mayor (cambio de correa de distribución, tensor, rodillos, bomba de agua y correa auxiliar con sus elementos) según fábrica se realiza entre los 90.000 y 120.000 km, pero la experiencia de los talleres indica que es mejor acortar ese intervalo a 60.000 a 80.000 km o cada 4 a 5 años, lo que ocurra antes. La rotura de la correa provoca una avería total del motor y la dobladura de las válvulas, así que aquí no hay lugar para jugar.
En el motor caben exactamente 4,8 litros de aceite. Se recomienda aceite sintético de grado 5W-40 (de fábrica se recomienda Elf Evolution). El cambio de aceite y filtro debería hacerse como máximo cada 10.000 a 15.000 km (ignora las recomendaciones de fábrica de 30.000 km, ya que aceleran el desgaste de la polea VVT).
En cuanto al consumo de aceite, un K4M en buen estado no debería consumir grandes cantidades. Sin embargo, debido a los años y al desgaste de los retenes de válvula, un consumo de alrededor de 0,3 a 0,5 litros cada 1000 km en unidades antiguas se considera aceptable. Si consume más, el problema suele estar en los segmentos de los pistones o en los retenes de válvula endurecidos.
Al tratarse de un motor de gasolina, las bujías son extremadamente importantes. La recomendación de fábrica es sustituirlas a los 60.000 km. Sin embargo, si el vehículo se utiliza mayoritariamente en ciudad o lleva instalado gas (GLP), el intervalo debe reducirse a 30.000 km para proteger las bobinas de un esfuerzo excesivo.
La buena noticia para los potenciales compradores es todo aquello que este motor no tiene.
Aquí es donde este veterano atmosférico de gasolina se enfrenta a la realidad de la física.
En condiciones urbanas severas (atascos, tráfico denso), el consumo se sitúa entre 9 y 11 litros a los 100 km. En carrocerías más pesadas como Laguna II, Scenic o con cambio automático, esa cifra se acerca fácilmente a los 11-12 litros. El peso pasa factura. En carretera secundaria, con una conducción suave, se puede bajar a unos 6–7 litros.
Respuesta corta: Sí, en modelos grandes es claramente perezoso. El par de solo 152 Nm está disponible a unas altas 4200 rpm. Eso significa que hay que “estirar” el motor a regímenes altos para notar aceleración. En un Laguna II Grandtour o en un Grand Scenic, con el coche cargado y en subida, exige cambiar a marchas más cortas con frecuencia y mucha paciencia. En cambio, en un Clio, Modus o Megane Hatchback, más ligeros, ofrece unas prestaciones correctas e incluso ágiles.
No es un motor pensado para hacer a menudo largos viajes por autopista a alta velocidad. Con la caja manual estándar de cinco marchas, a una velocidad de crucero de 130 km/h, el motor gira a unas elevadas 3800–4000 rpm. Esto se traduce en un mayor ruido en el habitáculo (sensación de que el motor “va forzado”) y un consumo que supera los 8,5 litros de gasolina. Le falta una 6ª marcha para ir más desahogado.
Es uno de los mejores motores para convertir a gas licuado del petróleo (GLP). Gracias a la inyección indirecta y a la presencia de taqués hidráulicos (que ajustan solos el juego de válvulas), el motor tolera perfectamente el funcionamiento con gas. La instalación de un sistema secuencial estándar es rutinaria, no es cara y, teniendo en cuenta el consumo urbano de gasolina, la inversión se amortiza muy rápido. Con cambios regulares de bujías y filtros de gas, el motor recorrerá cientos de miles de kilómetros con GLP sin dañar las válvulas.
Dicho en lenguaje de taller: Tirar el dinero. En motores atmosféricos de baja cilindrada, la reprogramación del software apenas aporta mejoras perceptibles. En el mejor de los casos se ganan 5 a 8 CV adicionales, algo que en la práctica no se nota dada la masa del vehículo. Si necesitas un coche más rápido, compra un 2.0 Turbo (F4R) en lugar de reprogramar un 1.6 gasolina.
Con el K4M 1.6 16V se montaron principalmente cajas de cambios manuales de cinco velocidades (códigos JH3 y JR5) y cajas automáticas de cuatro velocidades (la temida DP0, conocida también como AL4 en el grupo PSA).
Como ya se ha mencionado, no hay volante bimasa. El kit de embrague (plato de presión, disco y collarín) suele durar unos 150.000 km, dependiendo del estilo de conducción. El precio del kit y de la mano de obra del mecánico es bastante asequible y se sitúa en la categoría de reparaciones baratas (según el mercado).
El Renault 1.6 16V K4M (112 CV) está pensado para conductores que ante todo valoran bajo costo de uso y mantenimiento predecible, y a los que la velocidad y las prestaciones deportivas no les quitan el sueño. Es una opción ideal para familias (en un Megane familiar o un Scenic) que buscan un coche cómodo que puedan usar a bajo costo con GLP, sin miedo a averías de volante bimasa, filtro DPF o inyectores diésel. Si haces muchos kilómetros en ciudad y carreteras secundarias, es una de las opciones más seguras. Para largos viajes por autopista a alta velocidad, conviene plantearse un diésel de dos litros.
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