El motor de Renault con código K7M es todo un veterano en el mundo del automóvil. Se trata de un gasolina atmosférico de 1,6 litros, con un solo árbol de levas y 8 válvulas. En un mundo dominado por pequeños tricilíndricos turbo, este motor recuerda a aquellos tiempos en los que los motores recorrían cientos de miles de kilómetros con un mantenimiento mínimo.
Se montó en una enorme cantidad de modelos de finales de los noventa y principios de los dos mil, incluyendo Renault Clio II, Megane I, Scenic I, Kangoo, hasta los Dacia (Renault) Logan. Gracias a su fiabilidad, este motor fue la primera elección de los conductores que buscaban un medio de transporte sencillo de punto A a punto B sin costes astronómicos en el taller.
| Característica | Dato |
|---|---|
| Código de motor | K7M |
| Cilindrada | 1598 cc |
| Potencia | 66 kW (90 CV) |
| Par máximo | 131 Nm |
| Distribución | Correa dentada (8 válvulas / SOHC) |
| Tipo de inyección | Inyección indirecta (MPI) |
| Sistema de sobrealimentación | Atmosférico (sin turbo) |
Para la distribución, el motor K7M utiliza correa dentada. Su construcción es bastante sencilla, pero requiere sustitución periódica. El kit de distribución se cambia, según las recomendaciones, cada 60.000 km o cada 4 a 5 años, dependiendo de lo que ocurra antes. Saltarse este servicio puede provocar la rotura de la correa y daños en las válvulas, aunque la reparación de esta culata es más barata en comparación con los modernos motores 16V.
En este motor caben aproximadamente 3,3 a 3,4 litros de aceite. Lo más habitual es usar aceite de grado 10W-40 (para unidades más antiguas y con más kilómetros) o 5W-40 sintético. La construcción de los segmentos y del bloque es muy resistente, por lo que el K7M en general no consume aceite entre dos servicios. Una pérdida de hasta 0,5 litros cada 10.000 km se considera completamente normal, pero si notas un consumo mayor, la causa suele ser una fuga en las juntas antes que un desgaste interno del motor.
Es un motor extremadamente fiable, pero viene acompañado de los típicos “fallitos franceses”:
Al tratarse de un gasolina clásico, el cambio de bujías forma parte del mantenimiento regular. Se recomienda sustituirlas cada 30.000 a 40.000 kilómetros. Unas bujías en mal estado suelen provocar la avería prematura de las bobinas, así que no ahorres en esta pieza barata.
Lo que alegra a todo propietario de este motor es, precisamente, lo que este motor no tiene.
El consumo real en ciudad es uno de los pocos puntos débiles de este motor. Debido a su diseño anticuado de 8 válvulas, puedes esperar un consumo de 8,5 hasta más de 10 litros a los 100 km, especialmente en atascos o en vehículos más pesados con el aire acondicionado encendido.
¿Es un motor “perezoso”? Eso depende exclusivamente del chasis. En un Renault Clio ligero o un Dacia Logan, con 90 CV y 131 Nm de par, el coche es bastante ágil para el uso urbano. Sin embargo, si este motor mueve la carrocería pesada de un Renault Scenic o un Kangoo, la falta de potencia se nota en cuanto lo cargas con pasajeros o equipaje. Tendrás que subirlo más de vueltas para que responda, lo que repercute directamente en el consumo.
El K7M no es un campeón de autopista. Las relaciones de la caja son cortas (para sacar el máximo partido en ciudad). Como consecuencia, a una velocidad de crucero de 130 km/h el motor gira a altas 3.500 a 4.000 rpm (según la caja). Por ello, el ruido en el habitáculo se hace notable y el consumo en autopista puede subir hasta cerca de 8 l/100 km.
Probablemente sea uno de los mejores motores del mercado para montar un equipo de GLP. Las válvulas y sus asientos son muy resistentes, y el colector de admisión es ideal para los sistemas de gas secuenciales estándar. Con GLP, los costos de uso en ciudad se reducen drásticamente y se compensa su principal defecto: el mayor consumo de gasolina.
Dado que se trata de un gasolina atmosférico de pequeña cilindrada, “reprogramar” este motor es tirar el dinero. Con una modificación de la cartografía (Stage 1) obtendrás como máximo 5 a 7 CV extra, algo totalmente imperceptible en la conducción. Es más recomendable invertir ese dinero en un buen mantenimiento o en la instalación de GLP.
Este motor suele ir asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades. La caja en sí es duradera, pero tiene un defecto conocido: fuga de aceite en el retén del selector de marchas (la palanca que entra en la caja). Esta fuga es lenta, pero si el conductor la ignora y la caja se queda sin aceite, primero se dañan los rodamientos y luego la quinta velocidad. Por eso se recomienda una inspección visual y control del nivel de aceite de la caja en cada servicio. Es aconsejable cambiar el aceite de la caja manual cada 60.000 km.
Como ya se ha mencionado, el cambio del kit de embrague sin volante bimasa es una operación bastante asequible (depende del mercado).
Algunas versiones (Clio, Megane, Scenic) se ofrecieron con una caja automática de cuatro velocidades, código DP0 (desarrollada conjuntamente con el grupo PSA, donde se denomina AL4). Esta caja es sensible y a menudo problemática.
Las averías más habituales se refieren al fallo de las electroválvulas (solenoides) del bloque hidráulico. Los síntomas son fuertes golpes y tirones al cambiar de primera a segunda, así como el modo de emergencia “Limp mode” (el coche se queda bloqueado en tercera) cuando la caja se sobrecalienta. Para que esta caja tenga una vida larga, es imprescindible cambiar el aceite estrictamente cada 40.000 a 60.000 km. La reparación de esta caja es cara (depende del mercado), por lo que hay que ser extremadamente cuidadoso al comprar un usado con este cambio.
El Renault 1.6 8V (K7M) de 90 caballos está pensado para conductores con un enfoque racional de la conducción. No es un motor para hacer “pique” en los semáforos ni para rodar principalmente por autopistas europeas a altas velocidades. Es una “mula de carga” fiable: un motor que te servirá fielmente durante años, con un coste de mantenimiento regular muy bajo. La compra ideal es combinar este motor con una caja de cambios manual y un sistema de GLP secuencial, obteniendo así un vehículo cuyo coste de uso es más barato que el de conducir un scooter.
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