El motor con código M9T, comercialmente conocido como 2.3 dCi, es la unidad de propulsión básica de los vehículos comerciales ligeros del grupo Renault. En concreto, la versión de 125 CV (92 kW) se montó de forma masiva en el Renault Master III (Phase II, a partir de 2014). Ya se trate de un furgón clásico (Panel Van), una versión de pasajeros (Bus/Combi de 9 plazas) o un vehículo con doble cabina (Crew Van), este motor tuvo que lidiar con carrocerías cuya masa va desde las más cortas L1H1 hasta las voluminosas L3H3. Como redactor que ha visto infinidad de estas furgonetas en el elevador, puedo decirte que se trata de un propulsor esencialmente excelente, pero diseñado para trabajar, no para ser descuidado.
| Parámetro | Valor |
|---|---|
| Cilindrada | 2298 cc |
| Potencia | 92 kW (125 CV) |
| Par máximo | 310 Nm |
| Código de motor | M9T (El subcódigo exacto depende de la norma/patrón de tracción) |
| Tipo de inyección | Common Rail (inyección directa) |
| Tipo de admisión | Turbocharger + Intercooler (turbo simple en esta versión) |
A diferencia de generaciones anteriores, el M9T utiliza cadena de distribución y no correa dentada. Esto significa que aquí no existe el típico “cambio de correa” cada 100.000 km. Sin embargo, la cadena no es eterna. En la práctica se ha demostrado que se estira a partir de los 250.000–300.000 km. El síntoma de una cadena estirada es un característico traqueteo metálico en el primer arranque en frío de la mañana, antes de que el tensor reciba presión de aceite. Cuando aparece ese ruido, es obligatorio sustituir todo el sistema de distribución para evitar que se desincronen los árboles y se produzca una avería catastrófica del motor.
Este propulsor requiere una cantidad importante de aceite para una correcta lubricación y refrigeración; normalmente entran alrededor de 8 litros de aceite de motor (depende de la forma del cárter y del tipo de tracción). Se recomienda exclusivamente aceite sintético de grado 5W-30 con especificación ACEA C4, algo clave para preservar el filtro DPF. El intervalo de cambio prescrito por fábrica suele ser poco realista (a veces hasta 40.000 km), pero cualquier buen mecánico te dirá que debes cambiar el aceite como máximo cada 15.000–20.000 km si quieres conservar el cigüeñal y el turbocompresor. En cuanto al consumo de aceite, un M9T en buen estado prácticamente no consume aceite entre servicios. Una bajada de unos milímetros en la varilla es normal, pero si tienes que añadir más de 1 litro cada 10.000 km, es un claro síntoma de segmentos desgastados, fugas en retenes o un turbocompresor debilitado que deja pasar aceite a la admisión.
El sistema de inyección se basa en tecnología Common Rail con inyectores bastante fiables (a menudo piezoeléctricos). Por término medio duran entre 250.000 y 350.000 km. No suelen ser problemáticos por sí mismos, pero son extremadamente sensibles al gasóleo de mala calidad o a las limaduras metálicas si la bomba de alta presión empieza a desgastarse. Los síntomas de inyectores en mal estado son dificultad de arranque, ralentí inestable, aumento del humo negro por el escape y consumo elevado.
Uno de los elementos de desgaste más frecuentes y a la vez más caros es el volante bimasa. Sí, el M9T lo lleva. Teniendo en cuenta que este motor se monta en vehículos comerciales pesados que suelen ir cargados y soportan un uso de “parar y arrancar” constante, el volante bimasa acaba cediendo. El conductor lo notará como fuertes vibraciones en el pedal de embrague, un golpe sordo al apagar el motor y tirones al iniciar la marcha.
Esta versión de 125 CV está equipada con un solo turbocompresor de geometría variable (las versiones más potentes, por encima de 135 CV, suelen montar sistemas Bi-Turbo). La vida útil del turbo es excelente y supera sin problemas los 300.000 km, siempre que se cambie el aceite con regularidad y que no se apague el motor justo después de una subida exigente en autopista, sino que se le deje al ralentí uno o dos minutos para que el turbo se enfríe.
Cuando hablamos de sistemas anticontaminación, la cosa se complica. El modelo dispone de válvula EGR y filtro DPF. La EGR suele obstruirse con hollín, sobre todo si la furgoneta se usa como vehículo de reparto exclusivamente en ciudad. El filtro DPF también necesita recorridos más largos en carretera abierta para poder regenerarse. Si se obstruye, la furgoneta entra en “modo emergencia” (pérdida de potencia) y se enciende el testigo de avería motor.
¿Lleva AdBlue? Depende / no se puede asegurar al 100% sin el código de motor. Durante 2014 convivieron las normas Euro 5 y Euro 6. Los primeros modelos Phase II de 125 CV eran mayoritariamente Euro 5 sin sistema AdBlue. Sin embargo, los modelos posteriores ya bajo la norma Euro 6 incorporan depósito y bomba de AdBlue. Si el vehículo lo lleva, son frecuentes los problemas con la bomba o el calentador dentro del propio depósito de AdBlue, lo que obliga a sustituir todo el módulo, con un coste muy elevado (depende del mercado). Por eso es imprescindible comprobarlo mediante el número de bastidor.
El motor de 125 CV y 310 Nm ofrece un compromiso correcto, pero no esperes aceleraciones deportivas. ¿Es un motor “perezoso”? En la carrocería más pequeña L1H1 o en un Combi de pasajeros se comporta con cierta agilidad. Sin embargo, si lo montas en un Panel Van L3H3 y le cargas 1,5 toneladas, notarás falta de aliento en las subidas y en los adelantamientos, donde tendrás que recurrir constantemente a la palanca de cambios.
En cuanto al consumo real en ciudad, puedes esperar un rango de 9 a 11 l/100 km, dependiendo del estilo de conducción y del peso de la carga. En carreteras secundarias el consumo puede bajar a unos razonables 7,5–8 l/100 km.
En autopista, la aerodinámica de estos vehículos recuerda a un bloque de pisos. A una velocidad de 130 km/h, el motor gira relativamente alto, entre 2600 y 2800 rpm en sexta (según la relación del diferencial, que varía entre tracción delantera y trasera). Por ello, el consumo a 130 km/h sube a 11–12,5 l/100 km, y el ruido en el habitáculo se vuelve notable. Su velocidad de crucero ideal está entre 100 y 110 km/h.
Como muchos usuarios que cargan esta furgoneta sufren por la falta de potencia, el chiptuning (Stage 1) es una modificación muy popular y recomendable. El motor 2.3 dCi viene de fábrica bastante limitado en la versión de 125 CV. Con una optimización de software la potencia puede aumentarse de forma segura hasta unos 150–160 CV, mientras que el par sube a unos impresionantes 360–380 Nm. Esta modificación no afecta negativamente a la vida útil del propio motor (incluso puede reducir ligeramente el consumo bajo carga), pero ten en cuenta que el mayor par desgasta más rápido el volante bimasa y el embrague.
Con este motor se montaron cajas de cambio manuales de seis velocidades (PF6) y cajas automáticas robotizadas (Quickshift). Aquí no existe un automático “clásico” con convertidor de par.
La caja manual es conocida por un defecto serio: el desgaste de los rodamientos dentro del propio cárter de la caja. El primer síntoma es un aullido o zumbido al circular en 5ª y 6ª. Si no se soluciona a tiempo, la caja puede llegar a bloquearse por completo. Por eso es fundamental cambiar el aceite de la caja manual de forma preventiva cada 60.000 km, aunque el fabricante no lo marque como obligación estricta.
La caja automática (robotizada) es en realidad una caja mecánica sobre la que se ha montado un robot electrohidráulico (actuador) que acciona el embrague y cambia de marcha por ti. Las averías más frecuentes se relacionan precisamente con ese actuador (pérdida de presión, fugas de fluido hidráulico, fallo electrónico). Los síntomas son tirones al arrancar, que se salga de la marcha o que la caja se niegue a engranar la marcha atrás. El mantenimiento del robot requiere conocimientos específicos y calibración mediante diagnosis, y la sustitución del actuador es cara (depende del mercado).
Tanto la caja manual como la robotizada requieren volante bimasa y kit de embrague. La sustitución del conjunto completo (bimasa, disco, prensa y cojinete hidráulico) supone un gasto importante que se considera elevado (según el mercado), y la vida útil del conjunto oscila de media entre 150.000 y 200.000 km.
Cuando busques un Renault Master de segunda mano con este motor 2.3 dCi (125 CV), es imprescindible hacer una inspección seria sobre el terreno. Lo primero es el arranque en frío: deja la furgoneta toda la noche, arráncala tú mismo y escucha con atención si la cadena traquetea durante los primeros segundos. Después, escucha el ralentí: no debe haber vibraciones ni en el suelo ni en el volante (síntoma de volante bimasa en mal estado o soportes de motor rotos).
En la prueba de conducción, sal obligatoriamente a carretera abierta, mete 5ª y 6ª a unos 80 km/h y acelera. Si se oye un zumbido en la zona central del vehículo, la caja de cambios está lista para una reparación. Asimismo, conecta siempre la diagnosis y comprueba las correcciones de los inyectores y el porcentaje de saturación del filtro DPF. Revisa también todo el tren de rodaje, ya que estas furgonetas suelen ir muy cargadas y los tirantes, rótulas y silentblocks son los primeros en sufrir.
¿Para quién es este motor? El Renault 2.3 dCi M9T de 125 CV es un trabajador ideal para autónomos, servicios de reparto en trayectos medios y transporte de pasajeros donde no se buscan récords de velocidad. Su mayor ventaja es la durabilidad del bloque motor. Si estás dispuesto a mantener en buen estado los periféricos, la cadena y la caja de cambios, este motor te servirá fielmente durante cientos de miles de kilómetros. Eso sí, evita las cajas automáticas robotizadas si quieres dormir tranquilo y, si planeas transportar cargas muy pesadas en largas distancias, quizá debas plantearte la versión Bi-Turbo más potente.
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