El motor con código M9T y cilindrada de 2,3 litros es fruto de la cooperación dentro de la alianza Renault-Nissan y constituye la base de la gama de vehículos comerciales ligeros. En la versión de 130 CV (96 kW) y 310 Nm de par, este propulsor ofrece un equilibrio entre precio de compra, consumo y capacidad de carga. Se montó con mayor frecuencia en el Renault Master III, cubriendo todo el espectro de chasis: desde los cortos y bajos (L1H1) hasta las furgonetas máximamente alargadas y elevadas (L4H3), así como variantes de pasajeros (Combi y Crew Van) a lo largo de las generaciones "Phase II" y "Phase III".
| Parámetro | Especificación |
|---|---|
| Cilindrada | 2298 cc |
| Potencia | 96 kW (130 CV) |
| Par motor | 310 Nm |
| Código de motor | M9T (varias subversiones según tracción delantera/trasera) |
| Tipo de inyección | Common Rail (Bosch/Siemens) |
| Sobrealimentación | Turbo de geometría variable + intercooler |
Una de las principales ventajas del motor M9T es que no lleva correa de distribución, sino cadena. En teoría, esto significa que no existe el típico “mantenimiento mayor” cada 80.000 a 100.000 km. Sin embargo, la cadena no es eterna. Su estiramiento y el desgaste de los patines suelen aparecer alrededor de los 300.000 a 350.000 km. Los síntomas son traqueteos en el arranque en frío y, en una fase posterior, errores en el sensor de árbol de levas/cigüeñal. El cambio del kit de cadena tiene un costo medio (depende del mercado) y exige sacar el motor o disponer de mucho espacio en el vano. La correa auxiliar (PK) y sus tensores se sustituyen de forma preventiva alrededor de los 100.000 km.
En este motor entra una cantidad considerable de aceite: unos 8,0 litros en las versiones de tracción delantera, mientras que en las versiones de tracción trasera el cárter puede albergar hasta 8,9 litros. Se recomienda estrictamente la graduación 5W-30 que cumpla la especificación Renault RN0720, especialmente por el filtro DPF. El intervalo de cambio de 40.000 km indicado por fábrica es el principal asesino de este motor en uso intensivo de flota. Para que el motor dure, el aceite debe cambiarse cada 15.000 y como máximo cada 20.000 km. Entre dos servicios (a 15.000 km), es normal que consuma alrededor de 0,5 a 1 litro de aceite. Si consume mucho más, los primeros sospechosos son los segmentos de los pistones o un turbocompresor desgastado.
Los conjuntos mecánicos del motor (cigüeñal, pistones, bloque) son “a prueba de balas”. Los mayores problemas los causan los periféricos: sensores de presión de gases de escape, manguitos del intercooler que pueden rajarse (síntoma: silbido al acelerar y humo negro), así como fugas de refrigerante en la carcasa del termostato. Si el vehículo tironea al acelerar, el problema suele ser una válvula EGR sucia.
El sistema common rail es extremadamente resistente, pero los inyectores sufren por la mala calidad del combustible y la presencia de agua en el gasóleo. Los inyectores suelen durar más de 250.000 km. Cuando empiezan a fallar, el conductor notará un ralentí más áspero, dificultades de arranque en frío, pérdida de potencia y aumento del humo. Es posible reparar los inyectores, y el precio va de aceptable a caro (depende del mercado), según si son piezoeléctricos o solenoides y en qué estado se encuentran.
La versión de 130 CV utiliza un solo turbocompresor de geometría variable (a diferencia de las versiones más potentes con sistema Bi-Turbo). La vida útil del turbo está directamente ligada a la calidad del aceite y al estilo de conducción (enfriar el turbo después de esfuerzos intensos). De media duran unos 250.000 a 300.000 km. La reparación del turbo hoy en día no es excesivamente cara (depende del mercado).
Este modelo dispone de filtro DPF y válvula EGR. Si la furgoneta se utiliza exclusivamente en atascos urbanos (servicios de mensajería), la EGR se llena rápidamente de suciedad y hollín, lo que ahoga el motor. El filtro DPF también se va llenando de cenizas y necesita regenerarse en carretera abierta. Si se ignoran los testigos luminosos, el DPF puede llegar a bloquearse por completo.
En cuanto al sistema AdBlue (SCR), aquí hay una gran diferencia. Los modelos "Phase II" (alrededor de 2014, Euro 5) por lo general no llevan AdBlue. Sin embargo, los "Phase III" (Euro 6, desde 2019 en adelante) sí montan un sistema AdBlue que es muy problemático. Las averías más frecuentes son la rotura de la bomba en el depósito de AdBlue o el fallo del sensor NOx. La sustitución del módulo es muy cara (depende del mercado), y el síntoma es una cuenta atrás de kilómetros hasta el momento en que el motor ya no podrá arrancar.
Con 130 CV y 310 Nm, la sensación de conducción varía drásticamente según la carrocería. En la versión corta y baja (L1H1) el motor es muy vivo y ágil. Sin embargo, si este propulsor se monta en una versión alargada y elevada L4H3 cargada con 1,5 toneladas, se hará claramente “perezoso” en adelantamientos y en subidas. Para cargas pesadas, las versiones más potentes (150+ CV) son mejor opción.
La física y la aerodinámica de “la caja” mandan. En tráfico urbano de parar y arrancar, el consumo real se sitúa alrededor de 9,5 a 11,5 l/100 km. En carretera secundaria puede bajar hasta unos 7,5 litros.
En autopista, a 130 km/h, la resistencia aerodinámica es enorme. En 6ª velocidad, el motor gira a unos 2500 a 2700 rpm (según el desarrollo final del diferencial). A esta velocidad, el consumo supera habitualmente los 10,5 a 12 l/100 km. Si busca economía, la velocidad ideal de crucero es alrededor de 110 km/h.
Con este motor lo más habitual es encontrar una caja manual de 6 velocidades (código PF6). Una opción menos frecuente es la caja manual robotizada “Quickshift”. La caja robotizada a menudo produce tirones, y las averías del actuador hidráulico son caras.
En la caja manual, el mayor punto débil son los rodamientos. El síntoma es un zumbido o aullido claramente audible al circular en 5ª y 6ª. Si se ignora, la caja puede griparse por completo y romperse. El problema se agrava por la postura del fabricante de que el aceite de la caja es “de por vida”. Para conservar la caja, es imprescindible cambiar el aceite cada 60.000 km.
Sí, el motor M9T lleva volante bimasa. Su función es amortiguar las fuertes vibraciones del diésel y proteger la caja de cambios. Las señales de que el bimasa está al final de su vida son golpes metálicos al arrancar y apagar el motor, así como vibraciones al ralentí que desaparecen al pisar el embrague. El coste de sustituir el kit de embrague y el volante bimasa es bastante elevado (depende del mercado) y requiere desmontar toda la caja de cambios.
Dado que el bloque motor comparte arquitectura con las versiones más potentes, el 2.3 dCi se puede reprogramar (chip tuning) de forma muy sencilla y segura. Un software Stage 1 serio puede aumentar la potencia de 130 CV a unos 160 a 165 CV, y el par de 310 Nm a 380 Nm. Esta modificación mejora drásticamente el comportamiento con carga y facilita los adelantamientos. No obstante, tenga en cuenta que un mayor par somete a un esfuerzo adicional al volante bimasa y al embrague, por lo que conviene evitar pisar el acelerador a fondo de forma brusca a bajas revoluciones.
Al comprar un Master de segunda mano con este motor, céntrese en lo siguiente:
El Renault Master 2.3 dCi M9T (130 CV) es una auténtica mula de trabajo. No es especialmente rápido, su diseño está supeditado a la función, pero en términos de durabilidad mecánica pocos pueden competir con él, siempre que se haya mantenido correctamente. Este motor es ideal para autónomos, servicios de mensajería y transporte de carga ligera a media. Si compra un modelo con intervalos de cambio de aceite “long-life” (donde el aceite se ha cambiado cada 40.000 km), sea muy precavido, porque es muy probable que el daño interno del motor ya esté hecho. Los mejores ejemplares son aquellos en los que un propietario responsable ha reducido a la mitad el intervalo de servicio indicado por fábrica.
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