Cuando se habla de los motores Volvo de principios de los 2000, la denominación B5254T2 impone respeto. Se trata del famoso gasolina de cinco cilindros y 2,5 litros (de la llamada familia Whiteblock) que desarrolla 154 kW (210 CV). Gracias a su turbocompresor de baja presión (LPT - Low Pressure Turbo), este motor está diseñado para ofrecer el empuje de un diésel con el sonido refinado y característico de un cinco cilindros de gasolina.
Se montó en prácticamente toda la gama de la época, incluyendo las berlinas S60 y S80, los familiares V70 y el elevado XC70, hasta llegar al pesado SUV XC90. Este motor es importante porque representa el punto medio ideal: ofrece mucha más potencia que las versiones atmosféricas 2.4, y es más robusto y dócil para el uso diario que las variantes T5 de altas revoluciones (como el B5234T3).
| Característica | Dato |
|---|---|
| Cilindrada | 2521 cc |
| Potencia | 154 kW (210 CV) |
| Par máximo | 320 Nm |
| Código de motor | B5254T2 |
| Tipo de inyección | Indirecta (Multipoint EFI) |
| Sobrealimentación | Turbocompresor de baja presión con intercooler |
| Tipo de combustible | Gasolina (Petrol) |
Este motor utiliza correa de distribución, no cadena. El sistema de distribución es fiable siempre que se respeten los intervalos. Se recomienda realizar la “distribución completa” (sustitución de correa, rodillos, tensor y bomba de agua) cada 150.000 a 160.000 km, o cada 10 años. No obstante, muchos mecánicos experimentados aconsejan cambiarla ya a los 120.000 km por precaución, ya que si la correa se rompe, los pistones y las válvulas se encuentran, lo que provoca daños catastróficos (el famoso “motor reventado”).
La capacidad del cárter es de unos 5,5 a 5,8 litros de aceite de motor. Se recomienda usar aceites de gradación 5W-30 o 5W-40, respetando obligatoriamente la norma ACEA A3/B4 para garantizar una correcta refrigeración y lubricación del turbo. El consumo de aceite es algo normal en este propulsor; se considera aceptable un consumo de unos 0,2 a 0,5 litros cada 1000 km en unidades con mucho kilometraje. Si el consumo es mucho mayor, la causa suele ser retenes de válvula endurecidos o, con más frecuencia, un problema en el sistema PCV.
El fallo más conocido de este motor es el atasco del sistema PCV (ventilación del cárter). Con los años y los vapores de aceite, el separador (el llamado "flame trap") y los manguitos se obstruyen. Los síntomas son exceso de presión en el cárter, fugas de aceite por los retenes del cigüeñal y de los árboles de levas, y un sonido característico (un aullido o silbido) al ralentí que desaparece al sacar la varilla de nivel de aceite. Ignorar este problema lleva a que salten los retenes, y si el aceite se fuga por el retén del cigüeñal hacia la correa de distribución, esta puede saltar y destruir el motor.
El segundo problema habitual son las poleas VVT (distribución variable). Con el tiempo cogen holgura, lo que se manifiesta como un traqueteo similar al de un diésel al ralentí, y fugas de aceite bajo la tapa plástica de la distribución. Se sustituyen exclusivamente al hacer la distribución completa, y su precio es medio-alto (depende del mercado).
Al ser un motor de gasolina (sin inyectores de alta presión típicos de los diésel), es obligatoria la sustitución periódica de las bujías. Hay que respetar estrictamente el intervalo: se cambian cada 60.000 km. Retrasar el cambio puede sobrecargar las bobinas de encendido (el motor tiene 5 bobinas individuales), que acabarán fallando y se manifestará como pérdida de potencia, funcionamiento a cuatro cilindros y encendido del testigo "Check Engine".
El sistema de inyección es clásico indirecto (Multipoint). Los inyectores son muy fiables y rara vez dan problemas. Una limpieza ocasional en cuba de ultrasonidos puede devolver finura al funcionamiento y optimizar el consumo. Dado que es un motor de gasolina, no lleva filtro DPF ni sistema AdBlue. Tampoco dispone de una válvula EGR electrónica típica de los diésel que tantos quebraderos de cabeza da; la recirculación de gases y la optimización de la combustión se gestionan a través del mencionado sistema PCV y el control VVT.
El motor monta un único turbocompresor de Mitsubishi (generalmente modelo TD04HL-13T). Su vida útil es impresionante y, con cambios de aceite regulares, supera sin problemas los 250.000 km. Si empieza a consumir aceite, la reparación del turbo tiene un coste relativamente asumible y se considera un gasto normal de mantenimiento en los años avanzados del vehículo (depende del mercado).
La principal duda de los compradores es si este motor es suficientemente potente para chasis pesados y cuánto consume. La tecnología LPT implica que el turbo no necesita altas revoluciones para soplar: el par máximo de 320 Nm está disponible ya desde 1500 rpm. Por ello, el motor no es en absoluto perezoso. En los modelos S60 y V70 ofrece aceleraciones casi deportivas, mientras que con el masivo XC90 (más de 2 toneladas) se defiende sin despeinarse.
Sin embargo, las leyes de la física no se pueden engañar, y esto se nota en el consumo. En ciudad, el consumo real en un S60/V70 se sitúa entre 12 y 14 l/100 km. Si opta por un XC90 o XC70 con cambio automático y tracción AWD, debe estar preparado para cifras de 15 a 17 l/100 km en tráfico urbano de para-arranca.
El hábitat natural del motor B5254T2 es la autopista. Gracias a su enorme par y a las largas relaciones de cambio, a 130 km/h el motor gira a unas tranquilas 2500 a 2800 rpm (según el tipo de caja). En estas condiciones es muy silencioso y el consumo baja a unos mucho más razonables 8 a 10 l/100 km.
Dado que no lleva inyección directa, este motor tolera de forma excelente la conversión a gas licuado de petróleo (GLP). No obstante, debido al turbocompresor es necesario montar un vaporizador más potente y rápido (diseñado para motores turbo de al menos 250 CV) y unos inyectores de gas de buena calidad. El mayor riesgo reside en una mala calibración del software del sistema de gas: si la mezcla es demasiado pobre a altas revoluciones, las temperaturas aumentan drásticamente y pueden llegar a “quemarse” las válvulas de escape. Un sistema de GLP bien ajustado hace que este motor sea extremadamente rentable en uso diario.
Por su robustez, el B5254T2 es muy agradecido para una reprogramación Stage 1. De forma totalmente segura se puede alcanzar una potencia de unos 240-250 CV y unos 380-400 Nm de par máximo. No se recomienda superar estas cifras sin intervenciones mecánicas serias. El B5254T2 tiene un diámetro de cilindro de 83 mm, por lo que las paredes entre cilindros son más finas que en generaciones anteriores (como el B5234T3 de 2,3 litros), y un exceso de presión de turbo puede provocar grietas en el bloque. Además, es imprescindible tener en cuenta el estado de la caja de cambios automática antes de aumentar la potencia.
Este propulsor se combinó con cajas de cambios manuales (5 y 6 velocidades, tipo M56/M66) y automáticas (Aisin AW55-50/51SN de 5 velocidades, y en algunas versiones AWD posteriores la TF-80SC de 6 velocidades).
Las cajas manuales son prácticamente indestructibles. Todos los modelos con este motor y cambio manual llevan volante bimasa. Cuando llega el momento de cambiarlo, el kit completo de embrague con volante bimasa es un gasto muy elevado (depende del mercado).
Las cajas automáticas son el punto débil, especialmente la Aisin de 5 velocidades. Aunque Volvo las anunciaba como que el aceite duraba “toda la vida del vehículo” (Filled for life), en la práctica esto es totalmente falso. Debido al envejecimiento y sobrecalentamiento del aceite (sobre todo en el XC90 a plena carga), se estropea el bloque hidráulico de la caja y sus solenoides.
Los síntomas de un bloque hidráulico dañado incluyen golpes bruscos al pasar de 'P' a 'R' o 'D', así como tirones o retrasos al cambiar de 2ª a 3ª. Para evitarlo, es obligatorio realizar un lavado completo y sustitución del aceite de la caja automática (flushing) cada 60.000 km. El coste de sustituir o reparar el bloque hidráulico es muy elevado.
Al comprar un Volvo de segunda mano con motor 2.5T, son obligatorios los siguientes pasos:
El Volvo B5254T2 es una joya para quienes buscan máxima seguridad en los adelantamientos, gran confort, un sonido único y la capacidad de mover carrocerías grandes. Está pensado para conductores que saben y quieren mantener correctamente un conjunto así. Si lo comparamos con los diésel de la misma época (el famoso D5), el 2.5T de gasolina no tiene inyectores carísimos ni problemas de obstrucción del EGR, y su finura de funcionamiento es incuestionable. Su mayor desventaja es el consumo urbano, que se soluciona de forma muy eficaz con la instalación de un buen sistema de GLP. Con un poco de atención a la caja de cambios y cambios regulares de correas y aceite, es un motor que supera sin esfuerzo los 500.000 kilómetros.
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